Adolfo Pérez – Jacoiste

Redacción 17 enero 2007 Opinión
Imagen de Adolfo Pérez - Jacoiste

QUIENES APOYARON EL PROCESO, SON RESPONSABLES. O por lo menos no son inocentes, como ahora pretenden hacernos creer. Sabían muy bien con quién estaban tratando. Conocían perfectamente la propuesta terrorista de Anoeta: crear la ficción de que había dos mesas separadas para desarrollar el proceso, una ‘de pacificación’ entre ETA y el estado y otra ‘de partidos’ para hablar de autodeterminación, territorialidad y amnistía. El objeto de esta farsa consistía en que, formalmente, jamás se hablaría de contenidos políticos con los terroristas, que estarían en la mesa ‘de Pacificación’ pero no en la mesa ‘de partidos’. Por tanto no podría hablarse de chantaje. Naturalmente, todo esto era una patraña ridícula destinada a engañar a esa inmensa mayoría que no lee periódicos o dedica cinco minutos al año a reflexionar sobre política. La verdad es que había simultáneamente una ETA ilegal y otra ETA legal (Batasuna) en el proceso, una pata en cada mesa, y que el alto el fuego terminaría en el mismo instante en que se estancara la negociación o en que lo que se decidiera en la mesa de partidos no complaciera a los asesinos. Puede que el votante de izquierdas medio no lo supiera, pero naturalmente que todos los líderes del PSOE lo sabían, no hay más que comparar la propuesta etarra de Anoeta con el documento ‘sobre pacificación y normalización’ que cualquiera puede bajarse de la web del PSOE. Y nadie que conozca la farsa de las mesas paralelas puede haberse creído nunca ni que la ETA abandonaba gratis las armas, ni que el proceso era posible sin el pago de un precio político. Otra cosa es lo que le contaran a la gente. De hecho, mi sospecha personal es que el presidente conocía perfectamente las exigencias de ETA, y que sólo su determinación de satisfacer esas exigencias era la que le permitía manifestar desde hace meses una absoluta seguridad en que el proceso llegaría a buen término para él y la ETA. Sólo así se explica que nunca tuviera ninguna duda. No porque fuera un ingenuo, sino precisamente porque sabía perfectamente dónde se metía y lo que le iba a costar. Hasta tal punto que incluso aún a fecha de hoy no le sale decir que algo haya fallado, sino que ha habido un ‘accidente’. A lo mejor no le falta razón. A lo mejor somos nosotros los inocentes, en vez de zetapé.

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Esta noticia la publicamos el 25 de marzo de 2009