Adolfo Pérez-Jacoisti

Redacción 4 diciembre 2006 Opinión
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RUBALCABA NEGÓ 7 VECES, Y EL GALLO SE PARTIO DE LA RISA Rubalcaba es un político que en los últimos años se caracteriza por una constante: repite sin parar que todo lo que dicen los demás es mentira. Su juego recuerda al de esos pasatiempos en los que, en una isla ficticia, hay dos clases de habitantes a los que debemos conseguir distinguir mediante una serie de preguntas: los que siempre dicen la verdad y los que siempre mienten. ¿Miente usted, señor Rubalcaba? Si el señor Rubalcaba pertenece a la categoría de los habitantes que siempre mienten, la respuesta –naturalmente- sólo podrá ser que no, que son los demás los que siempre mienten. Cuidado por tanto. Lo que pasa es que la palabra de unos y otros no vale lo mismo según las circunstancias. Por ejemplo, no puede valer lo mismo la palabra de quien defiende siempre la misma idea que la de quien en una comunidad defiende la creación de un órgano común permanente y en otra lo niega. Tampoco puede valer lo mismo la palabra de un terrorista cuando se exculpa que cuando se inculpa, lógicamente tiene mucha más credibilidad cuando se inculpa puesto que en un caso lo hace a favor y en el otro en contra de sus propios intereses. Es por eso que creemos más a ETABATASUNA cuando afirma que se está negociando con Navarra, o que no están dispuestos a abandonar las armas si no es a cambio del pago de un precio, que al gobierno. Y es que podríamos desconfiar el día en que los terroristas dijeran que se iban a volver buenos, pero sería del género tonto siquiera plantearse que los terroristas se van a volver buenos cuando insisten en que piensan seguir siendo malos. Porque podemos entender que un terrorista finja que abandona las armas para ver si nos pilla desprevenidos, pero en absoluto podemos entender a un terrorista que queriendo abandonar realmente las armas se dedique a rearmarse y a repetir que no quiere abandonar la violencia. No tiene sentido. Y es por eso, porque no es lógico, por lo que creemos antes lo que dice la ETA que lo que dice Rubalcaba. Lo lógico, cuando un empresario recibe una carta de extorsión, no es pensar que los terroristas están fingiendo que quieren extorsionarle y que en realidad no desean que les pague, por eso el empresario que recibe la carta cree más a la ETA que a Rubalcaba. No porque la ETA tenga más credibilidad que ellos (como se quejan los socialistas), sino porque es más lógico. Lo mismo le pasó al gallo, que después de que Rubalcaba negara a la ETA 7 veces, cantó como un triunfito. Adolfo Pérez-Jacoisti

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