Pilar Vigila

Redacción 20 noviembre 2006 Opinión
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EL JUGLAR EN PAMPLONA “La compañía más irreverente de la escena teatral española se ha sumado a la Celebración del IV Centenario del Quijote del año pasado”. Así presenta el Baluarte la función de Boadella de este fin de semana. En realidad, aunque la idea del espectáculo parecía interesante, y supongo que tendría calidad, yo no he ido a verla. ¿Por qué? Porque no me da la gana. Una razón estupenda. Pero entonces se preguntarán por qué escribo sobre este asunto. Bueno, porque en este caso, el señor Boadella es noticia con o sin Don Quijote en Manhattan. Y porque se ha pasado por Pamplona, y el Diario de Navarra lo ha entrevistado. El juglar se ha convertido en un héroe, porque después de muchos años de hacer, decir y representar bobadas infinitas y sin control, parece que ha recuperado algo el buen sentido. Arrepentidos quiere Dios, pero yo no me fío, que luego nos pasa como con Savatter. La cultura española de la transición se llenó de gente así, de izquierdas y nacionalista, que vitoreaban a Pujol y González, blasfemaban contra la Iglesia, escribían en El País, se sumaban al carro del postmodernismo filosófico y propiciaban el actual desastre que estamos soportando. Porque lo que pasa en España hoy -y más en Cataluña- tiene mucho que ver con el mundo de la cultura. No nos engañemos. Boadella es un artista de primera, que como todos los grandes creadores, siempre se ha metido en política. Y en ese campo, siempre ha sido un payaso irrespetuoso con todo y con todos, ha presumido de políticamente incorrecto, y ha apoyado lo que le ha venido en gana en cada momento, sin medir las consecuencias de lo que hacía. Ahora se da cuenta. Pues es un poco tarde, señor Boadella. Como todos estos, como Arcadi, no se arrepiente de su pasado, no se da cuenta de que él ha colaborado en llevar a Cataluña y a España a la situación que ahora tanto deplora. Y es más responsable que un ciudadano de a pie, porque quién tiene talento artístico, tiene poder de crear opinión, de seducir para su causa, de arrastrar. Veremos ahora cómo soluciona ese señor el desaguisado. No lo solucionará, claro, y como son gente voluble, cambiará de opinión a medio camino. Ahí está Savatter. Y el ínclito juglar catalán, el que nunca respetó nada, pide ahora respeto. Tienen un cierto tick, estos progres conversos al sentido común. Como el bueno de Iñaki Ezquerra, que opinaba que los católicos se estaban islamizando por ir a rendir su último homenaje a Juan Pablo II. Claro, a la primera manifestación que convocó el Foro de Ermua, yo le escribí para decirle que no iba a asistir, no fuera a ser que nos reuniéramos unos cuantos, pues temía islamizarme. No tienen remedio. Luego ya le he perdonado las bobadas. Aunque lo siento, pero no me termina de gustar Ciutatans, por buena que sea la iniciativa para Cataluña, no voy a llenarle el espectáculo a Boadella, y no tengo todavía claro que sea positivo exportar este modelo al resto de España. Quizá me equivoque.  De momento, temo islamizarme.

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