Benigno Sáez

Redacción 13 noviembre 2006 Opinión
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BIENESTAR Y BIEN SER Parafraseando, el extraordinario sentido común y tratando de asimilar el pozo de ciencia que nos legó Juan Pablo II, debería ser altamente instructiva una constatación desconcertante de este período más reciente de la historia de Navarra, como parte de una sociedad más amplia: Occidente. Junto a las miserias del subdesarrollo, que son intolerables, nos encontramos con una especie de superdesarrollo, igualmente inaceptable porque, como el primero, es contrario al bien y a la felicidad auténtica. Parece que tenemos en poco el bien ser frente a un mucho de bienestar, consistente en la excesiva disponibilidad de toda clase de bienes materiales para algunas categorías sociales. Ello facilita una sociedad con algunos hombres esclavos de la ” posesión ” y del goce inmediato, sin otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de los objetos que se poseen por otros todavía más perfectos. Es la llamada civilización del “consumo” o consumismo, que comporta tantos “desechos y basuras”. En Navarra, todos somos testigos de algunos tristes efectos de esta ciega sumisión al mero consumo. En primer término, una forma de materialismo craso, y al mismo tiempo una radical insatisfacción, porque se comprende rápidamente que, ­ si no se está prevenido contra la inundación de mensajes publicitarios y la oferta incesante y tentadora de productos ­ cuanto más se posee más se desea, mientras las aspiraciones más profundas quedan sin satisfacer, y quizás incluso sofocadas. El dato: riesgo de estar promoviendo o aceptar la subcultura de los jóvenes, el hedonismo desenfrenado, la delincuencia, entre otras muchas gracias. Ahí está la situación de inmigrantes en pueblos y ciudades de nuestras Merindades, con la que podemos colaborar ­consciente o inconscientemente- en su catalización hacia el bien o en el mal ­para todos. La acentuada diferencia, entre el ” tener ” y el ” ser ” se define: en un “tener” objetos y bienes que no perfecciona de por sí al sujeto, si no contribuye, a la maduración y enriquecimiento de su “ser”, a la realización de la vocación humana como tal. La diferencia entre ” ser ” y ” tener”, no debe transformarse necesariamente en una antinomia. Una de las mayores injusticias del mundo contemporáneo consiste precisamente en esto: en que son relativamente pocos los que poseen mucho, y muchos los que no poseen casi nada. Es la injusticia de la mala distribución de los bienes y servicios destinados originariamente a todos. Éste es pues el cuadro: están aquéllos ­ los pocos que poseen mucho ­ que no llegan verdaderamente a ” ser “, porque, por una inversión de la jerarquía de los valores, se encuentran impedidos por el culto del ” tener”; y están los otros ­ los muchos que poseen poco o nada ­ los cuales no consiguen realizar su vocación humana fundamental al carecer de los bienes indispensables. El mal no consiste en el ” tener ” como tal, sino en el poseer que no respeta la calidad y la ordenada jerarquía de los bienes que se tienen; de la subordinación de los bienes y de su disponibilidad al ” ser ” del hombre y a su verdadera vocación.

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Esta noticia la publicamos el 25 de abril de 2019