Benigno Sáez

Redacción 8 noviembre 2006 Opinión
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NAVARRA A PESAR DE TODO Un mi amigo -al que respeto en su opinión-, me indica su total desacuerdo con las especies vertidas en mi Carta al Director sobre POLÍTICOS NEFASTOS. (En síntesis: Fuera partidos políticos, y más Presidentes como Marco y tecnócratas honrados y eficaces, que supieron triunfar en la España de la oprobiosa y dejar hacer al navarro cabal). Yo no puedo presumir de ser navarro, pero tengo para mí, muy claro, las bases por las que Navarra destacó en la historia de España. Si algo caracterizaba a sus gentes ­respetando opinión más fundada- fue su honradez, buena fe y solidaridad. El Viejo Fuero ­hace un montos de siglos- supo someter al Rey de Navarra al juicio de los magistrados, no obstante administrar éstos la justicia, en nombre del Rey. Los pactos rompen fueros, era una deliciosa frase de reconocimiento de la autonomía de los ciudadanos ­libertad civil- que nunca aceptaron ni monarquías absolutas ni democracias totalitarias como las que nos obsequia la, denominada en Europa, democracia basura española. Es bien sabido: toda democracia sin valores ­laicismo español- acaba en el más duro totalitarismo. Yo no puedo dejar de pensar en los navarros cabales ­que todavía existen- leyendo a Juan pablo II, cuando dice: La solidaridad surge de la conciencia de una interdependencia. Constituye la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. La solidaridad dirige nuestras acciones: la compartición, la ayuda, la renuncia, el sacrificio, la compasión, junto con el respeto de las diferencias y de los distintos destinos de los pueblos, así como el reconocimiento de la dignidad nacional recobrada. Se trata de un comportamiento que se preocupa por el otro, adoptado por personas y comunidades humanas que se saben unidas entre sí: “Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). Mayor gravedad para nuestra Navarra, constituye la Unión Europea, en cuanto que no incluye únicamente Estados y pueblos. De hecho, la unificación implica cada vez más directamente a cada individuo. Sólo ese rasgo distintivo puede engendrar una comunidad solidaria y dar un alma a la unificación europea, con vistas a que los hombres la acepten de corazón y no sólo con la razón. Son los navarros, los ciudadanos navarros, llamados uno a uno, los que pueden decir y aportar ­como otrora- sin necesidad de parafernalias democráticas venidas a menos, pues ­y lo siento amigo- la realidad nos muestra minuto a minuto, la incompetencia y sectarismo de los políticos de nuestra época, que no pasan de ser, además de nefastos, unos adolescentes venido a menos. Por eso !estamos hasta el gorro¡ y, porque invaden nuestros santuarios de la vida, del matrimonio, de la familia, de la escuela, de los sindicatos y colegios profesionales y nos han negado el sagrario navarro: el principio de la libertad civil, con la invasión de un derecho extraño y contrario a nuestra realidad Navarra. Estamos hartos, porque -ya está bien- se nos reduzca o considere como menores de edad, incapaces de ordenar nuestra TIERRA. Y estamos hartos ante los de siempre ­servidores del reino de Castilla en su lucha contra Navarra-; los que no nos soportan; nos envidian y pretenden anexionarnos. Ya está bien. Amigo ¿te parece bien esta muestra de destemplanza? Pues lo siento pero uno, a los 71 años, no comulga con ruedas de molino y, ya, no es sujeto manipulable, ni hedonista ni consumista, ni descerebrado: el hoyo está a la vuelta. Vale.

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