NI UNA COSA NI OTRA

Redacción 16 octubre 2006 Claves
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Hacía años que no veíamos en el centro de Pamplona enfrentamientos como los que para celebrar la fiesta de la Hispanidad han protagonizado los gamberros batasunos. Como sucede con otras formas de terrorismo, la llamada lucha callejera se desarrolla al amparo de las debilidades del sistema que ataca. Los jóvenes superfi-ciales que padecen en su alma esa enfermedad llamada nacionalismo insultan a la policía, causan destrozos para atraer la atención, se mezclan con la gente que pa-sea y se esconden en las calles estrechas del Casco Viejo. Luego, cuando los anti-disturbios les disparan pelotas de goma se quejan de tanta represión. Estos aspavientos de violencia gratuita asustan a muchos y parece que funcionan, que les sirven para avanzar en lo que quieren. Una parte de la población cede y re-trocede para tener la fiesta en paz. Otra parte, difícil de cuantificar, está hartándose cada vez más del cinismo de los nazis. Y lo peor es que está hartándose de todo. No sólo de su violencia, no sólo de su política irracional. Se está hartando también de la cultura vasca que caricaturizan, y de sus propios apellidos, y hasta de su régimen foral. Tanto los que ignoran el peligro de los vascomaníacos como los que rechazan todo lo que huela a vasco están contribuyendo a fortalecer a los llamados violentos. Lo que hace falta es que la mayoría de los navarros no caigamos ni en lo uno ni en lo otro. Que sepamos distinguir. Que seamos lo que somos, digan lo que digan los ma-nipuladores. Esta es la línea que queremos seguir en este humilde confidencial: ni una cosa, ni otra. Jerónimo Erro

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Esta noticia la publicamos el 29 de enero de 2009