Fernando José Vaquero Oroquieta

Redacción 16 octubre 2006 Opinión
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PRESOS, MESA DE PARTIDOS… Y NAVARRA Del mal denominado “proceso de paz” desconocemos, realmente, lo más relevante: si se han reunido Gobierno y ETA; qué acuerdos han alcanzado los partidos que ya lo han hecho; qué movimientos realizará el Gobierno en política penitenciaria; cómo se constituirán, con qué efectos jurídicos, y en qué entorno, las llamadas “mesas de partidos”;… y qué rol se reserva a Navarra ya los navarros. Antes o después se sabrá casi todo. No en vano, de toda reunión en la que participa ETA se eleva acta, valorándose posteriormente los acuerdos y desencuentros. Pero, hasta entonces, deberemos conformarnos con rumores, análisis difícilmente imparciales, filtraciones interesadas a la prensa, e intoxicaciones informativas. En este confuso contexto, con todo, se viene extendiendo la sensación de que ETA está de-terminando decisivamente la “agenda política” -contenidos concretos a debatir y calendario- y los escenarios del “proceso”. Pero un asunto vienen quedando bastante perfilado: Navarra seguirá siendo el premio principal de este agotador “juego”. Así, el candidato socialista Fernando Puras ya ha afirmado que la “mesa navarra de parti-dos” se constituirá después de las elecciones al Parlamento Foral, ya en 2007. Pero, nos preguntamos, ¿será una comisión parlamentaria?, ¿participarán otros “agentes” sociales?, ¿qué valor jurídico tendrán sus acuerdos? Por mucho que asegure el candidato socialista que el “marco” legal está cerrado, los temores de que no sea así están más que fundados. Dada la presunta indeterminación, del alcance de los acuerdos de la futura “mesa navarra”, no puede afirmarse que nada sea definitivo, pues pueden contemplarse diversas fórmulas que, en la práctica, eludirían el actual status: una posible reforma del Amejoramiento sometida a referéndum, el establecimiento de un órgano común vasco-navarro, se llame como se llame, etc. E incluso, ¿por qué no?, un referéndum conjunto con Euskadi en clave soberanista; máximo objetivo declarado por TODOS los nacionalistas. Y si algún ingenuo duda de que el “contencioso” no haya sido abierto de nuevo, recordemos algunas incidencias acaecidas en Navarra en los últimos meses ejecuta-das conforme un evidente guión. Así, el primer gran atentado de la recrudecida fase de kale borroka fue el perpetrado contra el comercio de un concejal regionalista en Barañain. Y le siguieron nuevas extorsiones a empresarios navarros; un atentado contra el monumento erigido en memoria de las dos últimas víctimas mortales cau-sadas por ETA en Sangüesa; los realizados contra Onda Cero de Pamplona y Diario de Navarra en la persona de uno de sus repartidores en el norte de la Comunidad… hasta el perpetrado el pasado domingo 8 de octubre contra el edificio de los juzga-dos de Tudela. Todos ellos teñidos de un profundo significado simbólico dirigidos, además, a advertir a diversos sectores navarros de lo difícil que puede volverse su situación futura. Pero se han producido otros movimientos indicativos de que la “cuestión” navarra sigue siendo decisiva en este mal llamado “proceso de paz”: las numerosas manifestaciones que vienen desarrollándose en diversas localidades na-varras organizadas por ETA/Batasuna; la reunión recientemente celebrada –al me-nos- en Elizondo entre representantes del PSE-EE, PNV y la ilegal Batasuna, al ob-jeto de “desbloquear” el denominado “proceso de paz”; y las estrategias preelectora-les que se vienen destapando. Este complejo panorama, que viene en definitiva a reabrir viejas heridas supuestamente cerradas en la Transición en el ámbito navarro, se entremezcla perversamente con el debate electoral planteado desde diversos medios de comunicación locales y todas las fuerzas políticas, salvo Unión del Pueblo Navarro y, en cierta medida, su socio Convergencia de Demócratas de Navarra. Nos referimos a la supuesta e ineludible necesidad de relevo político en clave “progresista”: es decir, desbancar de una vez a UPN del Gobierno Foral, aislándolo además del juego real en la mayor parte de las instituciones navarras; “matando dos pájaros de un tiro” y allanando previsibles obstáculos. Un “progresismo versus reacción” que encubre otra traslúcida apetencia: la radical modificación del actual marco legal de Navarra regresando a la situación del año 1976. La clave la tienen, pues, los socialistas navarros. No en vano, ¿todavía mantienen alguna autonomía real ante los dictados y estrategias de Ferraz? ¿Perciben los intereses reales de la sociedad navarra? ¿Siguen presos de los viejos prejuicios sectarios de ciertas izquierdas? La inmensa mayoría de los navarros queremos paz y tranquilidad; pero no a cualquier precio. Ceder a las exigencias de los totalitarios, aunque sea únicamente en concepto de mero debate intelectual, permitiendo que se sitúe a Navarra en primer plano de este desconcertante “proceso”, ya es facilitarles nuevos avances en su irrenunciable estrategia global. Y es que, en coherencia con sus conocidos esquemas leninistas de la conquista del poder político, no cederán una mínima medida de lo que ya han ganado. O alcancen en el futuro. La revitalización del Pacto por las Libertades y contra el terrorismo, con las correspondientes proyecciones electorales y de gobierno, sería, por todo ello, el movimiento más realista y menos arriesgado posible en el actual tablero navarro. Pero para ello deberían dejarse de lado cortos intereses partidistas que están pervirtiendo la percepción de la realidad introduciendo distorsiones ideológicas de seguro altísimo coste humano y social.

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