Blanca de Agramont

Redacción 3 octubre 2006 Opinión
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POLÍTICAMENTE INCORRECTO El Ayuntamiento de Pamplona ha concedido la licencia para la nueva mezquita de Pamplona. Bienvenida sea. La libertad de culto siempre ha sido uno de los puntales de la Democracia moderna. Eso indica que en Occidente, estos valores siguen vigentes. Bien. Hasta, ahí, todos de acuerdo. El problema comienza cuando hablamos de reciprocidad. La reciprocidad y el respeto mutuo es algo que mucha gente no asimila bien. Y no estoy hablando de reciprocidad en los países musulmanes. Lógicamente, esta gente que ha llegado como ha podido hasta Pamplona, no tiene capacidad de decisión en su lugar de origen, por lo tanto, no podemos achacarles los problemas que los cristianos puedan tener allí. Pero sí podemos exigirles reciprocidad y respeto en los países a los que llegan, donde son acogidos. Es decir, en Pamplona. En Navarra, los musulmanes han de ser ciudadanos como los demás, que respeten las leyes como los demás, y que acepten el juego democrático como los demás. Ni más, ni menos. Es la mínima reciprocidad que se le puede exigir a un musulmán al que acogemos con toda la generosidad en nuestra tierra. Por lo tanto, esta nueva mezquita no puede ser un espacio donde se siembre odio e intolerancia, sino un lugar de oración y formación religiosa, que para eso les han dado la licencia. Y no hay por qué suponer que no lo vaya a ser. Y además, este respeto no es solo exigible al Islam. Es exigible a cualquier otro ciudadano que haga uso de las libertades democráticas de las que disfruta. Pero… ¿cómo exigiremos los navarros reciprocidad a nadie, si no hemos sido capaces de hacerlo con Euskadi y los nacionalistas vascos durante años? Este tema me preocupa. Porque las ikastolas, o la enseñanza pública en euskera no tenían por qué ser un nido de víboras, llenos de sembradores de odio y de mentiras históricas y adoctrinamiento político. Y sin embargo, con perdón, salvo honrosas excepciones, llevan muchos años siendo eso. Para eso han utilizado el idioma. Y Euskal telebista o euskal irratia se permiten el lujo de integrar a Navarra en su paisito de pacotilla, sin ningún respeto a las instituciones que les otorgan las licencias de emisión. Porque los satélites de ETA, antidemocráticos y violentos, que nunca han respetado al oponente político, siempre han usado las instituciones y libertades de la democracia para su sucia guerra y su adoctrinamiento descarado, así como las subvenciones que tontamente pagamos todos. Quizá el Gobierno de Navarra no está preparado para exigir reciprocidad y respeto democrático. Y eso me preocupa. O quizá lo que haya sucedido es que al Gobierno de Navarra lo hemos dejado solo en esta pelea. Quizá la opinión pública navarra, emboscada en la comodidad y la cobardía, haya dejado solos a los políticos en un asunto que es de todos y que a todos nos incumbe. Quizá es que a la gente le importa más el que dirán y el adaptarse al ambiente que el defender sus valores formando parte de la opinión pública. Y lo que nosotros no somos capaces de hacer, no podemos delegarlo en unos políticos que se guían, justamente, por la opinión pública, porque así es la democracia. Y eso me preocupa más. Quizá, entre todos, tenemos que construir esa sociedad sin barreras ni guettos, siendo más valientes al exigir respeto y reciprocidad. A todos. A los de aquí y a los de fuera. A los jóvenes y a los viejos. Sin miedo y sin distinciones. Con naturalidad, porque es lo propio de una democracia.

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