Fernando José Vaquero Oroquieta

Redacción 15 marzo 2006 Opinión
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El pasado 23 de febrero de 2006 se celebró, en los locales de la Fundación Leyre de Pamplona, con una nutrida asistencia de miembros de diversos movimientos sociales, una nueva sesión de los Talleres de realidad a cargo del escritor José Basaburua, quien habló en torno a los “Orígenes del yihadismo marroquí y su proyección en Europa”. El ponente partió desmitificando al supuesto “islam tolerante y abierto” que caracterizaría a Marruecos; tópico alimentado por la atracción que experimentan muchos occidentales por las cofradías sufíes, muy presentes allí, y por el papel conciliador jugado por el monarca, Comendador de los Creyentes. En el proceso de islamización creciente de la sociedad marroquí, el ponente destacó varias circunstancias. – El antecedente más relevante del actual islamismo político lo encontramos en la formación fundada en 1969, entre otros, por Abdelkrim Mouti: Chabiba Islamiya (Juventud Islámica), cuya principal finalidad era la de contrarrestar a la extrema izquierda. Se fragmentó posteriormente en varios grupos, alguno de los cuales practicó diversas expresiones de violencia política, incluido el terrorismo. – El movimiento islamista Al Adl Wal Ihssane (Justicia y Espiritualidad) fue fundado en 1987 por Abdessalam Yassine, habiendo permanecido encarcelado o en arresto domiciliario durante casi tres décadas; si bien inició sus actividades públicas ya en 1973. Su hija, Nadia Yassine, es el rostro amable del movimiento, prodigando entrevistas a medios de comunicación de todo el mundo, en las que expone sin tapujos sus pretensiones: islamización de la sociedad, modernización y justicia social, eliminación del papel religioso del monarca, etc. Aunque ilegal, disfruta de bastante tolerancia, controlando según expertos, varios cientos de asociaciones sociales de todo tipo. No se trata de un movimiento propiamente político, empeñándose ante todo en labores sociales de islamización de la sociedad mediante su presencia en mezquitas, dispensarios, obras caritativas, asociaciones universitarias, etc. – En 1982, de la mano de Azzedine El Araqui, ministro del gobernante Istiqlal, se eliminó buena parte de la enseñanza de Filosofía, introduciendo numerosos Departamentos de Estudios Islámicos. Para ello se contrataron docentes procedentes fundamentalmente de Arabia Saudita (formados en el wahabismo) y de Egipto (en línea con los Hermanos Musulmanes). Todo ello produjo, años después, efectos imprevistos. No fue posible frenar la reislamización liderada por Yassine. Además, los islamistas, desplazaron a los marxistas, ocupando las universidades, la sanidad e incluso la abogacía. – La guerra de Afganistán supuso la oportunidad para que varios cientos de marroquíes participaran en la yihad. Otros también, lo harían, en Bosnia y Chechenia. No menos de 400 de tales excombatientes se encuentran en libertad y en paradero desconocido. Unos 30 estarían encarcelados en Guantánamo. Esa es la conexión que explica la existencia de células yihadistas marroquíes vinculadas a Al Qaeda. – Y no olvidemos el último factor relevante del islamismo marroquí: su irrupción, voluntariamente frenada, en la política institucional de la mano del Partido por la Justicia y el Desarrollo (PJD), cuyo modelo es el homónimo turco del primer ministro Recep Tayyip Erdogan, y que, para muchos observadores, ya sería, incluso, la primera fuerza política. Coexiste en su seno una corriente mayoritaria más radical, propiamente islamista, el Movimiento de la Unificación y la Reforma (MUR). No obstante, defiende una democracia islámica, moderna, sin cuestionar la figura del monarca; lo que le diferencia de las posiciones de Abdessalam Yassine. Algunos observadores lo califican más como un partido conservador y nacionalista que propiamente islamista radical. El yihadismo marroquí se nutre, pues, de tres fuentes doctrinales, como su expresión más radical: 1) El islam autóctono que encarna el citado Abdessalam Yassine. Rechaza el terrorismo pero lidera una reislamización apoyada en su extraordinaria labor social, subsidiaria de las enormes carencias estatales en servicios. 2) El movimiento de los Hermanos Musulmanes, fundado por el egipcio Hassan Al Banna (1906–1949), es una organización muy estructurada y activista también presente en Marruecos. A su muerte le sucedió Sayed Qutb, ahorcado en 1966 por subversión. De ellos nació otra corriente más radical, si cabe: Takfir wal Hijra (Excomunión y exilio), fundada en 1975 por el ingeniero egipcio Choukri Ahmed Mustapha, discípulo de Sayed Qutb. Propone abandonar la actual sociedad descreída y sustituirla por la sociedad de los salaf (antepasados, quienes encarnarían el auténtico islam). Prohíben que sus miembros se integren en la función pública, el servicio militar o la enseñanza pública. Tampoco participan en las mezquitas oficiales, por lo que acuden a las clandestinas en grupos de una docena como máximo de miembros dirigidas por un emir, al fin de salvaguardar su clandestinidad. También se extendió entre los musulmanes de Europa, propiciando la creación de auténticas “islas islámicas”. El grupo Asserate Al-Moustakine (El Camino Recto), que perpetró hacia el año 2002 dos decenas de asesinatos sectarios en Marruecos, hasta su desarticulación policial, habría estado formado, según diversas fuentes, por militantes takfiros. 3) El wahabismo nacido en Arabia Saudí también ha generado sus propias expresiones radicales. No obstante, predomina un sector mayoritario, dentro del rigorismo que le caracteriza vinculado a la Casa Real saudí, que rechaza al terrorismo yihadista, frente a otro sector muy radical, el yihadista, cuyo rostro más conocido es el de Osama Ben Laden. Por lo que se refiere a Marruecos, Takieddine Al Hilali fundó una organización wahabita, ya en la década de los 70 del pasado siglo: Dour Al Quran (Casa del Corán). También pervive otra organización wahabita marroquí fundada por Mohamed Maghraoui: la Asociación para la Predicación del Corán y la Sunna. De tales grupos nacieron, a su vez, otros más radicalizados, formando parte de los mismos tanto propagandistas y oradores muy populares en algunas mezquitas de las grandes ciudades de Marruecos, así como grupos vinculados a la constelación yihadista. Tal vez, el grupo terrorista marroquí más conocido sea el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), supuestamente implicado en los atentados de Casablanca y Madrid. No está del todo aclarada su génesis. Para unos es fruto de la experiencia yihadista afgana. Para otros es un producto de la escuela tafkir. Incluso se ha afirmado que es un grupo muy infiltrado por determinados servicios de información estatales. En cualquier caso, ha sido su manifestación más mortífera y partícipe de las tramas diseñadas por Osama Ben Laden. Un dato importante: Richard Labévière, redactor jefe de Radio France International, ha afirmado que la mayoría de implicados en los atentados del 11-M en España participaban del credo tafkir. El GICM se trata de uno de los fenómenos terroristas más sorprendentes, pues fue desarticulado completamente en Marruecos a raíz de los atentados que perpetró en Casablanca el 16 de mayo de 2003 (14 terroristas suicidas provocan la muerte de 45 personas y heridas en más de 60 en diversos atentados) y que eran su primera acción; lo que además contribuyó a frenar el crecimiento del PJD, pues limitó su presencia electoral a un tercio de circunscripciones electorales al objeto de no alarmar a los “poderes fácticos”. Pero, al parecer, sobrevivió su estructura en Europa, que serviría, solapándose de diversas redes puramente delictivas (tráfico de drogas, dinero, personas), de base para los atentados del 11-M en Madrid, captación de combatientes para la yihad en Irak (más de 80 sólo en España), y diversas tareas de aprovisionamiento, financiación, etc. El 19 de diciembre de 2005, el periodista José María Irujo publicó en el diario El País un extenso reportaje en torno a la naturaleza y presencia en España del grupo Takfir wal Hijra, destacando especialmente la apertura de 6 de sus mezquitas (4 en Barcelona y 2 en Valencia); así como que la mayor parte de los autores de los atentados del 11-M compartían ese credo. Irujo afirmaba, igualmente, que informes de los servicios secretos franceses definen al grupo, nada menos, que como “el núcleo logístico de la mayoría de los grupos terroristas islamistas que actúan en Europa”. En resumen, no puede hablarse de un único islamismo marroquí, del que nacen como expresiones especialmente radicales los grupos yihadistas: diversas escuelas; expresiones puramente religiosas junto a otras sociales e, incluso, explícitamente políticas. Se entremezclan, pero en ocasiones las discrepancias son extremas, hasta llegar a “excomuniones” y enfrentamientos. Pero, en cualquier caso, presenta suficientes interrogantes y potenciales riesgos para la estabilidad de nuestra área geopolítica, por lo que conviene seguirlo muy de cerca; más cuando está acreditada su presencia entre las herméticas, móviles y desconocidas comunidades marroquíes y de otras nacionalidades de confesión musulmana presentes en España y resto de Europa. Por Fernando José Vaquero Oroquieta

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Esta noticia la publicamos el 23 de abril de 2019