Iñaki Perurena

Redacción 31 enero 2006 Opinión
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Hace poco hemos podido leer este artículo escrito por el famoso levantador de piedras de Leiza que queremos compartir con nuestros lectores. Es una pequeña obra maestra de la historiografía nazionalista vasca y por ello creemos conveniente reproducirlo. Para que se sepa qué es lo que enseñan – entre otras cosas- las ikastolas. N.C. OBJETIVO, BORRAR LA HUELLA Iñaki Perurena Desde que vi las fotografías en la prensa sospeché lo más triste, y para comprobarlo me acerqué hasta el castillo de Xabier. Para desgracia de Nabarra era cierto. Sobre los restos del muro defensivo que Cisneros mandó derribar junto con prácticamente todos los fuertes y defensas de Nabarra tras la invasión de ésta por Castilla, ahora se ha construido otro muro, con lo cual desaparece una huella más que delata lo ocurrido en Nabarra y cómo ocurrió. En los últimos tiempos, el entorno del castillo ha sufrido reformas y construcciones, pero hasta hoy nadie había tapado esa huella, y ahora, los que hablan de defender la identidad nabarra han hecho esa atrocidad. Me ha dolido y ésa es la razón por la que escribo. Qué triste empeño el de tratar de borrar lo basco en lo nabarro, porque lo basco es lo nabarro y lo nabarro es lo basco. Visité Xabier por primera vez con 15 años. Fuimos un grupo de leitzarras andando. Para mí aquello fue una aventura más que otra cosa, en tiempos en los que los libros de texto obligatorios hablaban de “la feliz incorporación de Navarra a Castilla”. No hace mucho que entendí el por qué de las ruinas del muro del castillo de Xabier gracias a las lecturas de libros que hace no muchos años no tenían cabida en las librerías. Este año 2006 es el quinto centenario del nacimiento de un hijo de los Jaso Azpilkueta, aunque eso en los ambientes que proclaman un año lleno de actividades para conmemorar tal fecha no creo que cuente demasiado, pues su empeño va por otros derroteros, que son un calco de lo que se ha hecho tapando las ruinas del muro defensivo. Pero la realidad está ahí aunque el intento de ocultarla es evidente. Aquí el pueblo euskaldun empezó su caminar antes de que llegasen a estas tierras otras gentes, y nuestro pueblo, la seña viva más originaria de Europa, sobrevivió a las invasiones indoeuropeas y el imperio romano. Más tarde se organizó como Ducado de Vasconia y Reino de Pamplona, y en 1162 Sancho el Sabio llamó Reyno de Nabarra al territorio en el que reinaba, que territorialmente era prácticamente idéntico a lo que hoy llamamos Euskal Herria. Luego a Nabarra le arrebataron su parte occidental en 1200 y en 1512 le clavaron la puñalada en su corazón. Hoy, en este rincón del mapa de Europa no aparecen más que España y Francia, pero la realidad de los hechos está ahí. El pueblo euskaldun existió políticamente, y por muchos muros derribados que se intenten tapar, aquéllos demuestran que nuestra estructura política fue destruida por las armas. Desde entonces, como muchos nabarros han dejado escrito, aquí perdura la razón de la fuerza. La lucha de este pueblo troceado y dividido, su empeño por recuperar lo arrebatado marca una línea. Las guerras carlistas, la gamazada, la época de entendimiento con el lema Zazpiak Bat, los intentos de Estatuto común, la lucha contra la dictadura, las quejas ante los parches mal colocados en los últimos años llamados de Transición… Si algún día se derriba el último muro levantado en Xabier, los restos del original aparecerán. Iñaki Perurena

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