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Lecturas de otoño

Javier Horno 30 Octubre 2016
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España. Tres milenios de historia.

España. Tres milenios de historia

 

Lecturas de otoño

Antonio Domínguez Ortiz

(España. Tres milenios de Historia, ed. Marcial Pons Historia, Madrid, 2000)

Antonio Domínguez Ortiz, autor del libro que he escogido como primera recomendación para los lectores de Navarra Confidencial, es, a mi entender, uno de los mejores prosistas en lengua española de la segunda mitad del siglo XX. Si me preguntaran cuáles son mis prosistas preferidos de estos años pasados no dudaría en señalar a Miguel Delibes o Camilo José Cela: la prosa literaria alcanzó con ellos panorámicas excelentes. En esa considerable altura estética no me parece exagerado contemplar la prosa del profesor granadino.

En este caso la creatividad está, lógicamente, limitada por el enfoque del catalejo de la Historia. Pero no es fácil, en una prosa histórica, alcanzar altura estética. España. Tres milenios de historia, último libro, a modo de testamento, de Domínguez Ortiz, no sólo está escrito con pluma precisa y fluida, sino que además, contiene ya desde el prólogo la emoción de quien ama su oficio. La Historia es un difícil ejercicio de objetividad, pero no lo es menos de respeto por sus protagonistas. Testimonios históricos los hay de mil pelajes, así que el historiador no es un ingenuo que se pueda hacer el loco. Ha de tomar partido en determinados momentos, a pesar de las modas: “el historiador no puede , como el dramaturgo, tener licencia para elegir el momento más efectista para bajar el telón; debe proseguir el relato hasta el final”. Su profesión tiene algo de aventura, de vocación, de pasión; es por eso que hay algo de literario, aunque sin ficción, en la prosa de Domínguez Ortiz. 

De las síntesis de historia de España que conozco es ésta la que, con diferencia, más me ha  cautivado. En su estética literaria no hay cabida para la retórica vana; con ritmo cadencial se destila entre sus líneas una elegancia que se hace inconfundible. En Domínguez Ortiz no hay un solo adjetivo que exorne la idea sin relatar a la vez un matiz conveniente. Pocas prosas aglutinan acopio de datos, síntesis madura y la rara habilidad del narrador. Sólo por la maestría con que el autor puntúa sus frases les recomiendo yo a mis alumnos de bachillerato que compren este libro. Hoy, las aulas, necesitan volver a los manuales del autor consagrado a su tarea.

  Domínguez Ortiz escribió su último libro preocupado por “el vacío que deja la ausencia de una auténtica enseñanza histórica en los actuales planes de enseñanza obligatoria”. No se entiende que libro tan bien escrito y visión tan ecuánime de la Historia de España no prolifere en las aulas del bachillerato. Pero estamos en la exaltación de internet, del saber anecdótico, y de una grave confusión entre la disponibilidad de datos y lo que es un verdadero discurso: la riqueza intelectual de un autor, una vida de estudio, un compromiso. Leía hace unos días las declaraciones de un pedagogo que entraba en la polémica de la memorización contra el aprendizaje. En su opinión, era muy importante que los niños supieran que sus abuelos están en la línea del tiempo después de Colón, y no tanto que Colón descubrió América en 1492. Se puede entender la buena voluntad, pero el problema de este enfoque, que ya es tan viejo como eso del “aprendizaje significativo”, es que sin jalones en la memoria se acaba destruyendo una idea de tiempo histórico objetivo.

Es ésta una historia política, aclara el autor, un marco imprescindible para hacer otras historias: para la postura relativista hacia la historia, que acaso esconde la pereza de ponerse a leer, es un contrapeso muy eficaz. Ejemplar me parece el tono de sus valoraciones sobre temas que despiertan hoy la polémica, desde la propia idea de unidad hispánica, pasando por la expulsión de los judíos o la Inquisición, hasta el franquismo; frente a lugares comunes y posturas que desconocen las perspectivas del pasado Dominguez Ortiz presenta páginas ensayísticas de admirable justeza. Sobre todo porque uno tiene la sensación de que el autor no se cierra a la revisión, pero tampoco esconde el convencimiento cuando los datos son testarudos.

En las páginas de España. Tres milenios de historia hay un eco de las austeras paredes del aula (fue profesor de instituto hasta su jubilación, y eso se nota); la monotonía de la lección se rompe con los acentos prosódicos del sabio profesor: el comedimiento para reconocer el logro, la respetuosa gravedad para la tragedia, la benevolencia en el juicio, la levedad en la ironía. Leyendo y releyendo este libro (porque este libro es para releer) uno revive algo de la ingenuidad del escolar que despierta al saber. Recomendación para una biblioteca de títulos imprescindibles. Saber historia de España es fundamental para reconocer esa ambivalencia entre realidad histórica y proyecto permanente; vital para sabe dónde estamos y qué puerto buscamos. Periplo que requiere de la paciencia con que el agricultor recoge los frutos: lectura de otoño.

Aprender Historia de España requiere un esfuerzo; al dictado de Antonio Domínguez Ortiz es una suerte.

Sirva de recuerdo y homenaje esta invitación a su lectura.

Javier Horno Gracia

 

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Comentarios (2)
  1. Ispan says:

    Magnifica la elección para la nueva sección de Lecturas de Otoño y que ha escogido don Javier Horno Gracia. El historiador andaluz, Don Antonio Domínguez Ortiz, en su obra “ España. Tres milenios de historia “explica en su A guisa de prólogo, , “ …..Escribo pues estas reflexiones que abarcan desde que el conjunto de los pueblos que viven en la piel de toro adquieren un sentido de unidad ,al menos vista desde fuera, desde las noticias consignadas por escritores griegos y romanos .Si la fecha de 1100 a.J para la fundación de Cádiz es exagerada, puede, sin embargo decirse que desde el Hierro hay ya en la Península ciertos factores de unidad e interrelación entre sus pueblos. Por eso no me parece exagerado hablar de un Trimilenario………”.
    Es muy esclarecedor por ejemplo sus palabras sobre el reino mitificado el nazarí de Granada y sus condiciones de vida no precisamente buenas y sobre la famosa tolerancia , inexistente- según escribe- en tanto en cuanto apenas había cristianos que no estuvieran en las mazmorras y sin una iglesia. Como era el mundo de la frontera, Andalucía , es decir , los reinos cristianos de Jaén ,Córdoba y Sevilla , el escaso interés de la corona a partir de los Trastámara por esos nuevos reinos al contrario de sus antecesores como por ejemplo Fernando III el Santo y su hijo Alfonso X Fernando IV , Alfonso XI y Pedro I . Fueron aquellos dos primeros los creadores de reinos , y que poblaron con gentes de no solo de la Corona de Castilla y León comprendiendo por ejemplo además Galicia ,Asturias ,gentes vizcaínas ,alavesas y guipuzcoanos, del reino de Navarra , de la Corona de Aragón . Hay que esperar a la reina Isabel para que siguiera la estela del rey Santo .
    Me permito añadir, pido perdón por adelantado , porque la reseña del sr. Horno es insuperable, lo que en el prólogo a la segunda edición el historiador John Elliot escribe “ En su “ A guisa de prologo “deja muy claro que lo que le movió fue un profundo amor a su país ……..Este libro había sido escrito, como el mismo decía “ con cierto aire de testimonio literario” como contribución especial a lo que el consideraba la urgente misión de devolver a España su historia…”

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  2. Muy recomendable.

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