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Arbeloa: Qué se aprende y se enseña aquí (2)

Patxi Mendiburu 26 octubre 2017
Homenaje de Doble 12 a Victor Manuel en el Nuevo Casino el 12 del 12 pasado
Creo que la mejor introducción a esta 2ª parte del trabajo de Arbeloa sobre la manipulación de los libros de texto en euskera, es el comentario que me llegó ayer:
“Y todo ello con UPN o PSN en los gobiernos. Así que quienes han tenido funciones de gobierno deben asumir su especial responsabilidad en lo que ahora estamos padeciendo. Y todos tenemos que reconocer los errores, hacer propósito de la enmienda y trabajar por recuperar nuestra esencia histórica.” 
¡Por Navarra! 

 

No existió Hispania

 

Los textos, que son breves, no hacen más que completar un poco los mapas. Así, por ejemplo, leemos que el año 201 antes de Cristo “los romanos llegaron a Euskalerria” o que “los euskaldunes estaban divididos en tribus: vascones (“baskoiak”), várdulos, caristios, autrigones, aquitanos y berones”, lo que no deja de ser incierto; no se incluye en cambio a los vecinos cántabros, los verdaderos resistentes a los romanos, con los que durante siglos se ha equiparado erróneamente a los vascones. 

Los autores del libro escolar, por lo visto, tampoco se han enterado de las divisiones de la Hispania romana en ese tiempo, de las ciudades romanas en territorio vascón, de las grandes vías que cruzaban nuestro suelo, de los muchos soldados vascones que pelearon en los ejércitos romanos, y ni siquiera de la “Cohors II Hispanorum Vasconum”( la cohorte segunda de los vascones hispanos). 

A la hora de hablar de los visigodos no aparece siquiera la palabra Hispania, ni la corte de Toledo, ni los concilios, ni el cristianismo, ni la Pamplona visigoda, ni su sede episcopal ya, por lo menos, desde el siglo VI; más adelante se dirá que en el siglo XI “la fe cristiana se extendió totalmente entre los euskaldunes”, cuando frailes, abades, etc., introdujeron el cristianismo, tras “arrinconar las viejas creencias de los euskaldunes”, la de Urtzi y Mari, que se citan más arriba. El alumno, que no ha leído hasta ahora nada del cristianismo, ni de los mártires cercanos, ni de los santos y misioneros de los primeros siglos, lo dará tal vez todo por bueno. 

Mari. El Txindoki al fondo

En el mapa de la época posterior, en el territorio oficial inventado muchos siglos después, sólo hay, además de euskaldunes, visigodos abajo y francos arriba de ese ámbito. Las tribus (¿por qué tribus?) de Euskalerria sólo se dedican a luchar contra unos y otros. Algo parecido sucede con el período del dominio musulmán, cuando en todo el centro y sur de España, que para los autores del libro no es más que “la Peníntsula”, sólo hay árabes (“arabiarrak”). Por el contrario, la “batalla” de Roncesvalles merece mención y dibujo; Carlomagno “pasó por Euskalerria” camino de Zaragoza, y la Pamplona de los cronistas carolingios es sólo “Iruñea”. La figura de Roldán, todo un mundo en las literaturas europeas, ni se nombra. 

 
Los Fueros… de Euskalerría

 

El Fuero navarro, escrito en romance navarro:
‘idiomate navarre terre’, lengua transversal:
la lengua de los nobles y del pueblo llano

En el capítulo del “Reino de Navarra” se dibuja un mapa donde el Reino de Navarra (“Nafarroako Erresuma”) llega hasta más arriba de Burdeos, cosa que nunca ocurrió; al Reino se le llama Reino de Iruña y en otro mapa Condado de Iruña (“Iruñeko Konterria”). Según el texto escolar, las leyes escritas de Euskalerría se llamaron después fueros (“foruak” o “lege zaharrak”) y no se nos dice ni su nombre -como si todos fueran uno y lo mismo- ni la lengua en que estaban escritos. Lo que sí se dice que la lengua del pueblo -¿de qué pueblo?- era el euskara, aunque también “y por desgracia siguieron escribiendo en latín”. ¿Sólo en latín y no en romance? 

El alumno se queda sin saber nada sobre el nacimiento de la lengua castellana, mayoritaria en esa Euskalerría durante siglos y ahora mismo, ni de sus relaciones con el euskara; ni de la Reconquista y los muchos poblamientos, en los que participaron no sólo nuestros reyes sino tantas gentes de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, súbditas casi siempre de los reyes astur-leoneses y luego castellanos, de cuyos reinos y su estrecha relación con el de Pamplona-Navarra no se dice ni pío. Ni siquiera se nombran los hijos y nietos de Sancho el Mayor (“Antso III.a Gartzes Nagusia”) -único monarca citado junto a Eneco Haritza-, que reinaron en toda Hispania. 

Como era de imaginar, al llegar al descubrimiento de América, Cristóbal Colón, incluida la foto cimera del monumento de Barcelona, se lleva el protagonismo. De repente salen a escena los Reyes Católicos de España (“Espaniako Errege Katolikoek”), cuyos nombres y fotos no se dan esta vez, y el alumno se queda sin saber qué es eso de España, de reyes y de católicos, y, por descontado, qué fue el descubrimiento, conquista y evangelización de América, pues todo queda reducido, en tres líneas, a rapiña, destrucción y opresión. 

Algo más se dice, sí, en el capítulo siguiente sobre “los vascos en el mundo”. Se citan unos cuantos vascos en América: Lope Agirre, Joan Garai, Frai Joan Zumarraga, Joan Sebastian Elkano, Andres Urdaneta y Migel López de Legazpi -ellos no se llamaban ni se escribían así-, pero sin la menor referencia a la Corona de Castilla y de España, bajo la que se embarcaron, guerrearon, descubrieron o evangelizaron, y a la que sirvieron, lo mismo que otros cientos de vascos que se hicieron famosos en las cortes de los Austrias y Borbones españoles, y a los que en textos como éste se les ignora y se les oculta. De esos pocos vascos que se citan en la Nueva España no se dice que robaran, destruyeran y oprimieran; ¡quizás ellos fueran la excepción! El que ha sido tenido, sin base alguna, por los nacionalistas vascos como euskaldún y hasta patrono del euskara, san Francisco de Javier, no merece ser recordado siquiera; para qué decir el patrono de Guipúzcoa y Vizcaya, el servidor de los Reyes Católicos y de Carlos V, después fundador de la Compañía de Jesús, san Ignacio de Loyola. 

En fin, en los tres párrafos que se dedican a los Fueros y el Carlismo (“Foruak eta karlismoa”), tras decirnos sin más que el 21 de julio de 1876 las Cortes de España aprobaron una ley por la que se aniquilaban los Fueros vascos, se añade que para defenderlos, hubo en Euskalherria muchos alzamientos y luchas (“borrokak”) con el nombre de “karlistada”. ¡El triple lema de “Dios, Patria y Rey” (patria y rey españoles) debe de ser un cuento que nos contaron en otros tiempos, antes de que la Constitución española de 1978 hiciera posible un Gobierno nacionalista vasco! 


¿Qué es esto?

 

Tratándose de textos de un sistema escolar (sub-sistema, propiamente), que intenta sobre todo “la construcción de una nación” y la creación de una soñada identidad ancestral, no debieran tal vez sorprendernos ni mucho ni poco. 

Cualquiera, por otra parte, se preguntará si este texto o similares respetan los contenidos de los programas aprobados por el Ministerio de Educación y por la Comunidad Foral de Navarra. 

De la misma manera podría preguntar a los presidentes de Gobierno, de Parlamento, parlamentarios, consejeros y directores de Educación, directores de centro, inspectores, profesores, asociaciones de padres, padres y madres…, desde 1987 para acá, si conocían /conocen estos textos o similares que estudiaron/estudian sus alumnos navarros o sus mismos hijos, y si están de acuerdo con ellos o no. 

Si no lo están, por qué callaron /callan. Y, si lo están, pues ahí los tienen. 

Víctor Manuel Arbeloa, DIARIO DE NAVARRA, 17/2/2004

 

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