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El debate sobre limitar la velocidad en Pamplona a 30

Redacción 14 diciembre 2017 Noticias
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La última ocurrencia del cuatripartito en Pamplona es la de lmitar con carácter general en toda la ciudad la velocidad de los vehículos a 30 kilómetros por hora. Como casi cualquier ocurrencia la idea tiene sus aspectos positivos, como que reducirá el número de fallecimientos por atropello, claro que no tanto como si se redujera la velocidad a 10 kilómetros hora o directamente se prohibiera la circulación.

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La Ley de la Bandera Roja

Allá por 1865, cuando empezaron a circular los primeros automóviles por las ciudades, algunos políticos pensaron que el vehículo a motor era un avance diabólico y una auténtica amenaza para el género humano. Es por ello que el parlamento británico, nada menos, en 1865 aprobó una serie de normas de las que particularmente ha pasado a la historia la llamada “Red Flag Act” , o Ley de la Bandera Roja. Esta norma estableció un límite de 6 km/h para circular en automóvil que se reducía a 3 km/h dentro de las ciudades. No sólo eso, sino que todos los vehículos debían circular con un conductor, un fogonero y un tercer operador que debía caminar 55 metros por delante del vehículo con una bandera roja, avisando de la llegada del vehículo. Esta brillante idea de los Spiderman de la época, aplaudida por los fabricantes de carruajes, duró hasta 1896 y evidentemente no pudo evitar el progreso del automóvil, pero estranguló durante unos años cruciales el desarrollo de esa industria en el Reino Unido mientras eclosionaba en cambio en los EEUU, que en las décadas posteriores acaparó el 90% de la producción mundial de automóviles. Por alguna extraña razón, da la impresión de que el progreso en 2017 significa volver a 1865 y a la Red Flag Act.

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Aumenta la esperanza de vida, pese al progreso

Los progresistas son unos señores a los que paradójicamente no les gustan las autovías, no les gustan los pantanos, no les gustan las antenas, no les gustan los tendidos eléctricos, no les gustan los trenes, no les gustan los transgénicos, no les gustan los rascacielos, no les gustan las vacunas y naturalmente no les gustan los coches. No entraremos en por qué se llaman entonces progresistas pero el caso es que ayer mismo conocíamos el dato de que la esperanza de vida en Navarra había subido hasta los 83,7 años. ¿Cuánto vivían entonces los navarros en 1865 antes de que hubiera coches, vacunas, transgénicos, pantanos, electricidad, microondas y tantos otros inventos diabólicos? Pues bien, la esperanza de vida en la Navarra ecológica de 1900, sin contaminación, sin transgénicos, sin vacunas, sin fertilizantes, sin coches y sin antenas de teléfonos móviles era de 37 años. Obviamente el progreso tiene sus inconvenientes, pero por cada año de esperanza de vida que quita por un lado concede otros 4 por otro. No sólo ha aumentado la esperanza de vida pese a los que idealizan el primitivismo, sino que la calidad de vida que nos proporcionan con carácter general la electricidad, el agua caliente, internet, los retretes o las carreteras no la tenía ni el más rico de Navarra en 1860.

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El coche, un invento ecológico

A finales del siglo XIX había en Nueva York, y no sólo en Nueva York pero hablaremos de Nueva York como ejemplo significativo, un problema de contaminación de una gravedad y magnitud inimaginable para nosotros en nuestros tiempos. Los 200.000 caballos dedicados al transporte, reparto y abastecimiento de la ciudad generaban alrededor de 2.000 toneladas diarias de estiércol el cual, literalmente, pavimentaba con una capa de mierda toda la urbe, generando no sólo un hedor insoportable sino convirtiéndose en una fuente inagotable de enfermedades e insectos. La gente se preguntaba aterrorizada qué pasaría cuando la ciudad doblara su población e hicieran falta el doble de caballos. Pues bien, la solución que acabó con todo ese problema fue el automóvil, aunque ahora lo veamos como el gran elemento contaminador.

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La solución está delante

Mientras Spiderman y sus secuaces reflexionan sobre un futuro que consiste en abandonar los motores y volver al pasado, afortunadamente el mundo sigue avanzando, obviamente no liderado por los Spiderman de turno y las gentes que odian el progreso. Así, por ejemplo, en el ITER se investiga la fusión nuclear o se abren camino los vehículos eléctricos e híbridos, particularmente estos últimos. ¿Cuánto tiempo les queda realmente a los vehículos más contaminantes y no por consideraciones ideológicas sino porque vienen tecnologías más competitivas? Conforme avanzamos hacia motores menos contaminantes, ¿qué sentido tiene cerrar las ciudades a esos vehículos no contaminantes y silenciosos? En el umbral de los coches con piloto automático y tecnologías que acabarán con los accidentes, ¿por qué un concejal tiene que imponer a la gente cómo, cuándo o a dónde va? El futuro no se va construir mediante el racionamiento o apagando dispositivos, sino mediante dispositivos y energías más eficientes. Afortunadamente, o volveríamos a la esperanza de vida de 1900.

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El que no pueda presumir de otra cosa, que presuma de zona 30

Decir que Pamplona se convierte por decreto en una “Zona 30” no es más que mera propaganda. La única lógica de esta medida es la propaganda porque hay ciudades en las que existen zonas 30, pero muy raramente ciudades que toda ella sean una zona 30. En realidad, en Pamplona ya hay desde antes del cuatriprtito muchas calles y zonas 30, aquellas que por su anchura o sus características hacían difícil o peligrosa una velocidad mayor. Es justo porque todas las ciudades tienen zonas 30 que Bildu, Podemos y compañía tienen que dar un paso más allá de la lógica para ser únicos, o ni eso, declarando la zona 30 antes de que algún otro consistorio podemita se les adelante. Aunque es evidente el límite de 30 es absurdo para el conjunto de Pamplona y que no es lo mismo una calle estrecha que una avenida con tres carriles o una circunvalación, hay que decir que Pamplona es zona 30 aunque probablemente (con esta gente nunca se sabe) en la práctica sea mentira. Es decir, se dirá que Pamplona es una zona 30 porque decir que Pamplona es 65% zona 30 no tiene efecto propagandísitico. Hay que decir por otro lado que buena parte de la culpa de esto la tiene UPN. O sea, no te dedicas a echar a la gente de las escuelas en castellano y poner el tráfico del revés más que cuando heredas una ciudad en la que no hay problemas más sustanciales y urgentes que resolver. Es evidente que al llegar al poder las fuerzas de progreso no han encontrado por ninguna parte a los niños hambrientos de los que hablaban en la oposición porque sería terrible pensar que a esto se dedica el ayuntamiento del cambio existiendo en Pamplona problemas graves y urgentes que resolver.

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Comentarios (4)
  1. Cuenco says:

    “¿por qué un concejal tiene que imponer a la gente cómo, cuándo o a dónde va?”. Pues porque el que, teniendo poder, no convence, impone. Muchos podríamos pensar que esa forma de gobernar se acerca mucho al fascismo, ¿verdad?

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  2. De Navarra says:

    Al fascismo tal vez, Cuenco, al comunismo seguro que sí,

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  3. CBS says:

    ¿Lo que quiere Spiderman es que circulemos en 2ª por todo Pamplona?

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  4. Ignatius says:

    Otro kambio puramente superficial innecesario y caprichoso (como el de Txantrea)
    pero muy efectivo si lo que se quiere es estar en el candelero a toda costa y que parezca que se hace algo.

    Cambiar todo para que nada cambie…
    Me pregunto si estos políticos gatopardianos siguen engañando a sus acólitos,
    … la respuesta me aterra.

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