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La celebración del día de Navarra: una necesaria autocrítica

Redacción 5 diciembre 2017 Opinión
Ayer domingo, día 3 de diciembre de 2017, se desarrollaron no pocas celebraciones, de muy diverso cariz, del día de Navarra.
A nivel institucional, la siempre modesta Uxue Barkos, como Presidenta del Gobierno y al frente de una comitiva de diversos cargos electos y políticos, realizó la ofrenda floral en el monolito conmemorativo instalado junto al antiguo Palacio Real. Posteriormente, bajo estricta invitación personal, hizo entrega de la medalla de oro de Navarra, concedida a título póstumo, a descendientes de Arturo Campión, Hermilio de Olóriz y Julio Altadill, en el claustro isabelino del Departamento de Cultura, Deporte y Juventud; a pesar de las extemporáneas y no poco sectarias polémicas al respecto de semanas anteriores.
La música protagonizó masivamente los demás actos institucionales, de carácter pretendidamente popular, por toda la geografía navarra: un total de 92 conciertos a cargo de corales y bandas de música en otras tantas localidades navarras; destacando el “Festival de las Naciones” del Teatro Gayarre; de inequívoca vocación multicultural.
Finalizando, ya por la tarde, la Orquesta Sinfónica de Navarra y jóvenes artistas ofrecieron, en Baluarte, su Concierto del Día de Navarra.
Todo ello a nivel gubernamental, decíamos. Ciertamente, la primera crítica que debemos hacer es su marcado carácter “descafeinado”: desligando todo ello de nuestro santo patrón, escasa carga simbólica, nula implicación de los partidos y movimientos sociales del cutrepartito, alejando los actos de los lugares más emblemáticos de la Historia de Navarra… No hace falta ser muy espabilado para percibir una clara intencionalidad impostora en tales tácticas: vacíese la identidad navarra, que ya se colmará con la abundante parafernalia panvasquista. Todo llegará. Y no necesariamente poco a poco. Mientras tanto, “a Dios rogando con el mazo dando”, de modo que además del nada inocente rol institucional descrito, la industria político-cultural panvasquista/napartarra ha desplegado un alarde de banderas de resonancias bajonavarras, como en otros años, en torno a una kalejira desde la plaza del ayuntamiento de Pamplona hasta el Monumento a los Fueros de Navarra en el paseo Sarasate. Otra concentración afín ha sido la protagonizada por unos cientos de personas en defensa del uso del vascuence. Nadie podrá acusarles ni de opacidad en sus pretensiones, ni de falta de determinación.
No obstante, lo acaecido ayer era previsible: nadie podía esperar otra cosa. Pero, desde la sociedad navarra, ¿se podía haber intentado compensar tamañas maniobras?
En Sociedad Civil Navarra percibieron semejante vacío conmemorativo, por lo que montaron una carpa en la avenida Carlos III junto a la avenida Roncesvalles. Bajo el lema “Con N de Navarra”, ofertaron un espacio “abierto y festivo” –que nunca falten ambos adjetivos, por Dios, seamos políticamente correctos- con diversas actividades lúdicas e informativas para niños: juegos, puzles y actividades. Vino navarro para los mayores e información de la entidad organizadora a posibles interesados. La carpa, sin duda, en ningún momento exteriorizó el tomo belicoso, reivindicativo, multitudinario y atractivo de cualquier actividad del entorno abertzale; pero debe reconocerse el mérito y valor de echarse a la calle y visibilizarse. Lástima su mínimo impacto.
Un segundo acto “cívico” tuvo lugar en la explanada del castillo de Javier a partir de las 10’30 de tan gélida mañana. El discreto colectivo “Banderazo” ejercitó una de sus características demostraciones con su mega-bandera de Navarra como estrella; la decimocuarta, si no nos equivocamos. En esta ocasión propusieron -días antes y por redes sociales- la asistencia al acto a posibles interesados y simpatizantes, acaso como una modalidad de celebración alternativa ante la falta de convocatorias de interés para cualquier navarro con mínimos sentimientos patrióticos; no digamos para los navarristas convencidos.
Por último, pero no con menor mérito e implicación popular, también circuló por redes la propuesta -impulsada desde algunos colectivos activistas y medios digitales autóctonos- y de muy difícil valoración en su respuesta, de la instalación de banderas de Navarra en fincas, ventanas, terrazas y balcones particulares.
Bien puede calificarse esta oferta participativa y conmemorativa del día de Navarra –nos referimos a la impulsada desde la propia sociedad en su conjunto- como de muy escasa, descoordinada y nada ambiciosa.
En primer lugar debemos señalar que en el origen de estas carencias no podemos situar a los organizadores, impulsores y participantes de las tres iniciativas mencionadas: nuestro reconocimiento al esfuerzo e implicación de todos ellos. La característica general, que debe extraerse del anterior análisis, es la apatía e inacción de otros muchos actores que debieran asumir un mayor protagonismo y los riesgos correspondientes. Sin duda, para tantísimos, es mayor la tentación de viajar al extranjero, aprovechando el “acueducto foral”, que pasar frío y dejarse ver en foros que pudieran presentarse -desde la machacona agit-prop del cutrepartito y su lobby mediático guipuchi- como problemáticos.
Durante décadas los navarros venimos delegando muchas funciones y competencias, demasiadas en realidad, en instancias superiores: primero en Diputación, después en el Gobierno de Navarra; renunciando en todo caso a la movilización social y cultural. Lo mismo está acaeciendo por lo que respecta al espacio simbólico-ritual-conmemorativo de la largamente cuestionada y, hoy de manera neta, saboteada identidad navarra.
No podemos exigir a los partidos políticos del área, y más desde su exterior, que se movilicen -en una ocasión como ésta- cuando no lo reclaman sus propias bases y no perciben, dada su genética perspectiva cortoplacista, tal “demanda social”. Un ejemplo: UPN celebró su día del partido el pasado domingo en Andosilla. Organizar un segundo evento masivo habría supuesto, sin duda, un importante reto. Por otra parte, no faltarían las voces que le acusaran de “intentar apropiarse” de la festividad. Ciertamente, en sus innumerables celebraciones, los separatistas se sirven de todo tipo de plataformas y entidades “civiles”; pero no tienen problema alguno en que sus diversos partidos organicen los eventos que entiendan pertinentes en cualquier fecha: la estrategia les une, aunque en las tácticas puedan diferir y mantener agendas dispares. En nuestra área, por el contrario, somos menos ambiciosos y “más mirados”.
En todo caso, la sociedad navarra no puede permanecer pasiva en su conjunto -y por más tiempo- a la espera de que el navarrismo político recupere el control de las instituciones para así recobrar, hipotéticamente, unas celebraciones más o menos dignas y apropiadas a la realidad histórica. No en vano, se habla de esperar, pero, ¿esperar otro año más? ¿Y si son cinco? ¿Y de prolongarse el “exilio interior” a nueve años o más? Porque nada está escrito y el Gobierno de Navarra bien puede no cambiar de signo en muchos años.
En definitiva: somos los propios navarros quienes tenemos que movernos, organizarnos y tener la audacia de asumir unas celebraciones que, o las planificamos y desarrollamos nosotros o nadie lo hará en nuestro lugar; pues de desplegarlas, si bien con mercancía averiada y prostituida, bien se encargan de ello otros muchos colaboracionistas.
No hay soluciones mágicas: la vía es trabajar, desde hoy, para que el año próximo organicemos unas celebraciones dignas de nuestras tradiciones e Historia, con una inequívoca voluntad de futuro; independientemente de unas vicisitudes políticos más o menos propicias.
En Navarra siempre hemos alardeado de nuestra gran vivacidad social: hagámosla realidad. Nuevos tiempos, nuevas necesidades, nuevos instrumentos.
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Navarra por España/NavarraResiste.com
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Comentarios (4)
  1. Iturbide says:

    En Navarra cuando algo ha triunfado es porque ha surgido espontáneo y natural. Desde las fiestas de los pueblos o San Fermín hasta las leyes consuetudinarias que crearon el Fuero.

    Así que como siempre hagamos comunidad en auzalán

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  2. Navarra NO se rinde says:

    El Día de Navarra merece un acto grande en Pamplona, es necesario que los partidos unionistas se pongan al margen de los actos institucionales (con el actual Gobierno siempre encaminados a fomentar el napartarrismo o premiar a los suyos, véase las 3 últimas Medallas de Oro de Navarra) y se pongan a disposición de lo que ahora llaman sociedad civil (que no SCN) para organizar un acto paralelo capaz de ilusionar a los navarros. Seguir sin hacer nada relevante es cederle el Día de Navarra al enemigo.

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  3. Rogelio Taboada says:

    Hasta donde yo sé, el acto celebrado en Javier estaba sujeto a permisos y legalidades, siendo el aforo máximo permitido de 100 participantes. Es un hecho que el acto no se promocionó, y no se hizo llegar al público masivo. Pese a eso, a nadie se le impidió visitar Javier como toca en esa fecha, para mantener la tradición y ser consecuente con nuestro legado tanto histórico como religioso.

    Desde la distancia la crítica resulta cómoda, pero siendo siempre una crítica a terceros, nunca a lo propio. Cuántas misas en toda Navarra se han celebrado este día 3 en honor a nuestro Santo Patrón?

    A cuántas de ellas han asistido los que ahora dicen esto y aquello, de lo que se hizo y se debió hacer?

    Que no sólo de política vive el hombre…

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  4. Fermina says:

    Lo cierto es que no había casi nadie paseando por Pamplona. Banderas de Navarra sí, algunas se veían. Por otro lado, si estamos esperando que los partidos hagan algo por nosotros, estamos listos. Ya lo vimos el 3 de junio.

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