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Independentismo y perversi贸n auton贸mica

Jaime Ignacio del Burgo 22 noviembre 2017 Opini贸n
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El proceso independentista o soberanista impulsado por todo el arco parlamentario del nacionalismo catal谩n ha sumido a Catalu帽a en una crisis sin precedentes. La sociedad catalana se ha partido en dos. Unos sue帽an con dejar de ser espa帽oles. Por el contrario, otros entienden que ser catal谩n es una forma de ser espa帽ol. No es un conflicto entre Catalu帽a y Espa帽a, sino en primer lugar entre catalanes.

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La activaci贸n del tristemente c茅lebre art铆culo 155 de la Constituci贸n tampoco supone la defunci贸n del Estado auton贸mico. En la inmensa mayor铆a de las comunidades aut贸nomas no se pone en cuesti贸n la unidad constitucional y sus poderes propios no quebrantan el principio 鈥搑ec铆proco鈥 de lealtad institucional. En los pr贸ximos meses, veintisiete congresistas van a analizar en una Comisi贸n parlamentaria los 茅xitos y las 鈥渄isfunciones鈥 del sistema auton贸mico. Si progresan adecuadamente en su estudio, se arriesgar谩n a formular propuestas para el 鈥渁mejoramiento鈥 del sistema (perm铆taseme utilizar la expresi贸n que identifica al actual r茅gimen foral de Navarra). Si concluyen su trabajo, formular谩n 鈥渃on la atenci贸n excepcional que se requiere鈥 cambios en la propia Constituci贸n鈥. As铆 se desprende de la prudente declaraci贸n de intenciones de su presidente de la Comisi贸n, el diputado socialista Jos茅 Enrique Serrano, cuya elecci贸n ha rozado la unanimidad.

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Ser铆a聽un grave error, a mi juicio, mezclar la necesaria revisi贸n del sistema auton贸mico, que inici贸 su andadura hace cuarenta a帽os, con la soluci贸n del problema catal谩n. El proceso soberanista no es otra cosa que la perversi贸n radical del Estado auton贸mico. Las instituciones catalanas, con una exigua mayor铆a parlamentaria, han pretendido dar jaque mate a la Constituci贸n de 1978. La oportuna y medida aplicaci贸n del art铆culo 151, as铆 como la actuaci贸n de la Justicia, han impedido hasta ahora la consumaci贸n de la declaraci贸n la independencia y la proclamaci贸n de la Rep煤blica catalana.

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En este asunto tan crucial no cabe una posici贸n de equilibrio. O se est谩 en Espa帽a o se est谩 fuera de ella. No hay t茅rmino medio. Ignoro si el Partido Socialista tratar谩 de convencer a los comisionados del Congreso de que 鈥Espa帽a es una naci贸n de naciones y Catalu帽a es una naci贸n鈥, como declar贸 el pasado mes de abril su secretario general. El gran problema est谩 en que el independentismo catal谩n niega la mayor, es decir, que Espa帽a sea una naci贸n. La 煤nica reforma constitucional capaz de dar satisfacci贸n a las aspiraciones secesionistas ser铆a el reconocimiento del derecho a la autodeterminaci贸n, algo muy dif铆cil de aceptar por el titular del poder constituyente que no es otro que el pueblo espa帽ol. Har铆an mal los socialistas en olvidarlo.

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De modo que ning煤n acuerdo ser谩 posible mientras las instituciones catalanas no vuelvan a la senda constitucional. Para ello resultar铆a imprescindible la reafirmaci贸n del consenso alcanzado en 1978 y que el 鈥減roc茅s鈥 ha hecho saltar por los aires, so pretexto de que la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto de 2006 declarando la inconstitucionalidad de un pu帽ado de sus preceptos, hab铆a quebrantado el pacto constituyente entre Catalu帽a y Espa帽a. Nunca hubo tal pacto. El consenso subyacente en la Constituci贸n de 1978 fue entre los representantes del pueblo espa帽ol.

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La Minor铆a catalana encabezada por Jordi Pujol particip贸 activamente en la ponencia redactora del proyecto de Constituci贸n, pero nunca se atribuy贸 la representaci贸n de toda Catalu帽a pues s贸lo contaba con 11 de los 47 esca帽os catalanes. Me parece oportuno recordar las palabras del expresidente de la Generalidad en la hist贸rica sesi贸n del Congreso de 21 de julio de 1978: Muchas veces 鈥揹ijo鈥 en Espa帽a se ha fracasado. La historia de los dos 煤ltimos siglos… es la historia de los fracasos, del intento de estructurar, de construir, de estabilizar, de poner las bases para el progreso del pa铆s, de todo el pa铆s. Nosotros esta vez no queremos fracasar. Desde nuestra perspectiva catalana, desde la cual a veces hemos fracasado doblemente, doblemente en nuestra condici贸n de espa帽oles y, adem谩s, porque hemos fracasado en aquello que nos afectaba directamente como catalanes, desde esta perspectiva… nosotros aportamos aqu铆, por una parte, nuestra firme decisi贸n de no fracasar esta vez, y nuestra aportaci贸n para que, entre todos, consigamos eso que la Constituci贸n nos va a permitir; un pa铆s en el que la democracia, el reconocimiento de las identidades colectivas, la justicia y la equidad sean una realidad鈥. Y en otro momento proclam贸: 鈥淧ensamos que la Constituci贸n persigue un Estado equilibrado, un Estado fuerte, no en el sentido autoritario de la palabra, sino en el de la eficacia y en el de la capacidad de servicio; un Estado al servicio de sus ciudadanos, de su seguridad y del bienestar f铆sico y moral de sus ciudadanos, del orden y de la justicia. Por eso, nuestra minor铆a ha aceptado plenamente la Constituci贸n鈥.

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Su compa帽ero Miquel Roca no se hab铆a quedado a la zaga al formular durante el debate en el Congreso una sugestiva tesis sobre la compatibilidad entre el concepto de naci贸n espa帽ola y la existencia en su seno de nacionalidades. La Constituci贸n 鈥渁l lado de definir esta naci贸n espa帽ola, naci贸n-estado, define aquellas otras nacionalidades que son aquellas identidades hist贸ricas y culturales… que vienen a configurar la realidad de la resultante en una Espa帽a-naci贸n, una naci贸n espa帽ola que en este sentido cobra su dignidad鈥. Las nacionalidades son, a su juicio, territorios espa帽oles dotados de una identidad hist贸rica y cultural, que configuran la realidad de la naci贸n espa帽ola. 鈥淣aci贸n de naciones 鈥揷oncluy贸鈥 es un concepto nuevo, es un concepto, se dice, que no figura en otros Estados o que no figura en otras realidades; quiz谩s s铆, pero es que, se帽or铆as, ayer ya se dec铆a que nosotros tendremos que innovar鈥. Pues bien, al margen de que se comparta o no la idea de Espa帽a como naci贸n de naciones, es evidente que esas pretendidas 鈥渘aciones鈥 forman parte inseparable de una naci贸n soberana, Espa帽a, cuya unidad indisoluble e indivisible constituye el fundamento mismo de la Constituci贸n. En consecuencia, la conversi贸n de Espa帽a en un mero Estado plurinacional, con vaciamiento de todas las competencias estatales vinculadas al mantenimiento de la unidad constitucional, ser铆a una ruptura del marco constitucional.

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La rebeli贸n del nacionalismo catal谩n se sustenta en grandes mitos y falsedades hist贸ricas. Es falso decir que Catalu帽a es desde hace quinientos a帽os una colonia de Espa帽a y padece una insoportable opresi贸n, de modo que la Rep煤blica catalana ha de ser el 煤ltimo episodio de su larga lucha por la liberaci贸n nacional. Tan profunda es la interiorizaci贸n de esta mentira que los separatistas no han querido atenerse a razones. No les ha importado frenar en seco el desarrollo econ贸mico de Catalu帽a. Ni la masiva hu铆da de empresas, a la que podr铆a seguir la deslocalizaci贸n de sus centros productivos. Ni la congelaci贸n de las inversiones. Ni la ruina de sus empresas exportadoras una vez fuera del mercado espa帽ol y europeo. Ni el empobrecimiento galopante de la sociedad catalana. Ni el negro futuro de sus pensionistas. Ni la salida de Uni贸n Europea, con la consiguiente irrelevancia internacional. Ni siquiera les importa sacrificar al Barcelona, 鈥渕谩s que un club鈥. Han pisoteado las m谩s elementales reglas del juego parlamentario para convocar un refer茅ndum ilegal, celebrado sin ninguna garant铆a democr谩tica, y aprobar un engendro legislativo para dar los primeros pasos de la non nata Rep煤blica catalana. Han desafiado al Tribunal Constitucional y llamado a la ciudadan铆a a defender la sedici贸n en la calle. No s贸lo han violado la Constituci贸n 鈥搗otada con entusiasmo por una aplastante mayor铆a de ciudadanos de Catalu帽a en 1978鈥 sino su propio Estatuto, que por cierto en 2006 obtuvo un escu谩lido respaldo popular (36,1% del censo electoral).

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Lo peor es que esto sucede en una de las Comunidades m谩s pr贸speras de Espa帽a. La revoluci贸n separatista no lucha por una sociedad m谩s libre, m谩s justa, m谩s igualitaria, m谩s solidaria. No ha enarbolado la bandera de los desheredados ni de los marginados como en las revoluciones de los siglos precedentes. Parece m谩s bien fruto de la irresponsabilidad de un grupo de inconscientes peque帽o-burgueses dispuestos a recibir con alegr铆a el abrazo del oso de los anarquistas y de los anticapitalistas, enemigos declarados del sistema democr谩tico y de la econom铆a de mercado. Justo el marco en el que Catalu帽a ha progresado en paz y en libertad.

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Jaime Ignacio del Burgo fue presidente de la Diputaci贸n-Gobierno de Navarra, senador constituyente y diputado.

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