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La identidad cautiva

Alberto Arzua Arrugaeta, profesor jubilado 26 octubre 2017 Opinión

Crec√≠ escuchando canciones de los Beatles. Sus melod√≠as est√°n tan ancladas en mi memoria como las discusiones tontas que manten√≠a con los forofos de los Rolling Stones. La cultura brit√°nica ha penetrado en mi manera de ser, me ha ido creando y puliendo, no solo a trav√©s de la m√ļsica y su subyacente poes√≠a, sino tambi√©n gracias a sus magn√≠ficos novelistas, tanto actuales como pret√©ritos, a sus ensayistas, amenos a la par que certeros, a sus cineastas, artistas, pensadores‚Ķ Puedo afirmar, sin exageraciones ni complejos, que una parte de m√≠ se considera brit√°nica. Vamos, que soy bastante ingl√©s. Si me obligaran a nominar al mayor genio universal de las letras, un suponer, me decantar√≠a por Shakespeare.

Los azares de la vida (cada cual tendr√° los suyos) han contribuido a que tambi√©n me sienta bastante franc√©s. En mi colegio se estudiaba la historia de Francia con tanta profundidad como la de Espa√Īa, lo que motiv√≥ que mis batallitas infantiles se inspiraran tanto en el Don Pelayo de la Reconquista cristiana como en el arrojo que mostr√≥ Bayard (caballero franc√©s ‚Äúsin miedo y sin tacha‚ÄĚ) en el puente de Garigliano. Ni siquiera podr√≠a definirme a m√≠ mismo sin mencionar a Brassens, a Montaigne, a C√©line y a tantos otros genios que el pa√≠s vecino ha cultivado cual champi√Īones. Sin olvidar los paisajes, las comidas o las conversaciones que han ido impregnando mi persona de franchutismo, modific√°ndome y ayud√°ndome a ser.

Esto mismo que cuento de Inglaterra y de Francia me sucede tambi√©n con muchos otros pa√≠ses. Por ejemplo, EEUU, cuya lista de nombres, ideas y etc√©tera que me han influido resultar√≠a demasiado larga; Alemania, sobre todo la m√ļsica cl√°sica; Italia, sobre todo el arte; Jap√≥n, cuya filosof√≠a apreci√© a trav√©s del shiatsu; la India, sobre todo el Yoga… y tantos otros pa√≠ses cuya cultura he hecho m√≠a, bien porque ya lo era y la he reconocido, bien porque no lo era y me ha transformado.

Todos estos pa√≠ses forman parte de mi esencia con el mismo derecho que Espa√Īa (pa√≠s que consta en mi DNI) o que Euskadi. Porque el derecho de Espa√Īa a formar parte de m√≠ no se funda en que el suelo que mayormente piso se encuentre en el √°mbito de su territorio nacional, no, ni mucho menos; ni siquiera en algo tan glorioso y a la vez tan infame como su historia (algo que podr√≠a decirse de cualquier pa√≠s), sino en alguna esencia de su alma, de su manera de ser, que entiendo, comparto, y encuentro en sus gentes, o por lo menos en aquellas (muchas) que a m√≠ me gustan y me hacen sentir bien. Adem√°s el azar de mi vida ha hecho que conozca a m√°s personas de Espa√Īa que de Inglaterra o de Francia. As√≠ que tambi√©n me podr√≠a definir como bastante espa√Īol.

Por otro lado, dicen que soy vasco porque he nacido en Bilbao. Bueno, ni tan mal, podr√≠a jugar en el Athletic. Pero, en serio, ¬Ņme siento m√°s cercano a un cacique local de las minas de hierro de Gallarta que al cacere√Īo de la novela de Ra√ļl Guerra Garrido? No lo creo. Confieso que no me emociono con los deportes rurales, ni con las mitolog√≠as varias, incluyendo las de nuevo cu√Īo, l√©ase Olentzero (Pap√° Noel aut√≥ctono), Marijaia (s√≠mbolo de las fiestas de Bilbao), el Celed√≥n vitoriano, o la tamborrada donostiarra. Me dejan m√°s fr√≠o que un car√°mbano. Sin embargo las calles y los solares del sucio Bilbao de los sesenta formar√°n siempre parte de mi remanente de felicidad. No el Bilbao de ahora, indistinguible en su pulcritud de Madrid o Berl√≠n, sino aqu√©l m√°s oscuro e imperfecto donde yo gozaba. Estoy diciendo algo tan simple como que cada cual elige sus recuerdos. Tambi√©n me encanta Mikel Laboa, pero prefiero a Bob Dylan‚Ķ lo mismo que admiro a Camar√≥n pero tiendo a escuchar m√°s a Janis Joplin.

Hay muchas cosas genuinamente vascas que he incorporado, como es natural habiendo vivido en el bocho toda la vida, pero me voy a quedar con una: el idioma. En los lejanos tiempos franquistas mi padre se empe√Ī√≥ en hablar a sus hijos √ļnicamente en euskera para que dicho idioma, por √©l adorado, perviviera en el tiempo. He procurado transmitir dicho amor a mi descendencia, no por ning√ļn af√°n conservador de esencias, ni tan siquiera idiom√°ticas, sino por el sencillo y profundo placer que me produce entender y expresarme en esa lengua tan hermosa que ha quedado encastrada en mi identidad.

Hablando de identidades tambi√©n he de confesar que me siento bastante catal√°n. Muchos y muy cercanos parientes m√≠os est√°n instalados all√≠ desde hace a√Īos y me congratulo visit√°ndolos con regularidad. Por otra parte, no conozco un sitio m√°s cercano y agradable para veranear que Catalu√Īa. Durante diez a√Īos seguidos la familia meva ha pasado el mes de julio haciendo camping en diferentes lugares del Bajo Ampurd√°n. All√≠ visitamos sus playas, pueblos, ciudades, monumentos‚Ķ No hablo catal√°n, ni siquiera en la intimidad, pero puedo entenderlo, tanto hablado como escrito, sin excesiva dificultad. Supongo que soy menos catal√°n que un pay√©s protot√≠pico a pesar de que √©l no haya le√≠do nunca a Pl√°, ni visto una actuaci√≥n de Raimon (s√≠, el de X√°tiva), ni disfrutado con Mir‚Ķ pero no estar√≠a yo tan seguro. Supongo que bailar la sardana con correcci√≥n no constituye una muestra necesaria de catalanismo. Tampoco domino el aurresku, oigan.

A lo que vamos. No me considero vasco, ni espa√Īol, ni catal√°n, ni franc√©s, ni ingl√©s‚Ķ sino una mezcla azarosamente consciente de todo ello. ¬ŅCarezco de identidad, por tanto? Todo lo contrario, mi identidad no tiene fronteras. Mi identidad es vasta y mudable. No me costar√≠a mucho irme a vivir ahora mismo a Andaluc√≠a, a Sri Lanka o a la Argentina. Seguir√≠a manteniendo mi identidad, seguir√≠a explorando los l√≠mites de mi yo. Sin fronteras, como internet.

Por todo lo cual lo m√≠nimo que pido a mis Gobiernos es paz y libertad para poder continuar desarroll√°ndome dentro de m√≠ mismo, para poder continuar siendo. Hagan el favor de no trazar fronteras entre mi hombro derecho y mi clav√≠cula izquierda, que bastante me cuesta mantener la musculatura a base de Pilates (un se√Īor, por cierto, alem√°n). Mi identidad no entiende de naciones. Me confieso analfabeto en todo lo referente a fronteras y exclusividades. Hagan el favor, se lo ruego, de dejarnos en paz con el asunto identitario.

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