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Clave: Crecerá el espacio electoral de las izquierdas?

Redacción 27 Agosto 2017 Claves, Noticias
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Las izquierdas no tienen confianza en avanzar en las elecciones de 2019, cierto que en las últimas elecciones Podemos alcanzó unas cuotas de poder político importantes por encima de los mejores momentos de Izquierda Unida, pero sólo un poco más. Sí que supieron aprovechar la debilidad electoral de un PSOE desnortado, que apoyo la estrategia de todos contra el PP para tapar sus propias debilidades electorales. El PSOE pudo así conseguir el poder en alguna autonomía a cambio de reforzar de manera importante a Podemos en lo municipal. Los unos se apoyaron en los otros y viceversa. Pero Podemos se quedó por debajo de sus expectativas porque aunque a nivel municipal alcanzó unas cuotas de poder muy importantes, como para hacerse con las Alcaldías de Madrid y Barcelona, no consiguió en las segundas elecciones capitalizar todo el voto de su alianza con IU, pues se dejaron por el camino un millón de votos respecto a lo que consiguieron por separado. Ellos para avanzar necesitan:

Uno, prometer el oro y el moro. Repiten el sonsonete de que se acabarán todos los males con ellos mandando, porque según se autodefinen ellos son inmunes a todo tipo de debilidad, corrupción o falta de entendederas. La realidad es que prometer un cielo en la tierra siempre es atractivo, para ello ofrecieron a los descontentos la posibilidad de dar una patada en el culo al bipartidismo. En las próximas se podrá comprobar que en todas partes cuecen habas, que los hay mejores y peores, que unos son más listos y otros mas tontos, pero que los nuevos partidos para nada son distintos de los viejos.

Dos, siempre prometen repartir prebendas a los numerosos “pobres” que proclaman que existen, que necesitan su inclusión en las rentas básicas, eso sí manipulan las estadística con el “riesgo de pobreza” que tanto gustan a todos los populistas. Actúan como ONGs pero en la realidad las cosas no alcanzan la dimensión que predicen en las campañas electorales. El Estado del Bienestar sigue funcionando aunque ya no deba repartir mucho más. En la medida en que se favorece en exceso a los que no producen, se perjudican a los que si producen, la economía así puede dejar de funcionar. Aquí en casa, en Navarra, la política del cuatripartito está consiguiendo que se creen menos empresas, que haya más funcionarios y nos cuesten más, este camino nos llevará al bloqueo, a la insostenibilidad del sistema en caso de consolidar un mayor gasto sin aumentar significativamente la riqueza. Ellos quieren repartir sin crear condiciones para que haya mas riqueza.

Tres, son muy comprensivos y permisivos con los emigrantes, especialmente con los musulmanes, sean legales o no, sean útiles o no. Nunca se preguntan quién pagara los gastos, ellos sólo plantean reivindicaciones no soluciones posibles. Si se establecieran muchas más personas de lo que es posible absorber por la economía, pronto nos quedaríamos sin fondos, porque no hay dinero para todo. Los más perjudicados serán los españoles autóctonos más débiles, más expuestos al paro, etc. Sus discursos son emocionales, su desparpajo les va bien. Necesitamos ponerles ante la realidad, recordarles educadamente que las materializaciones históricas para los venezolanos, griegos, cubanos, etc., siguen produciendo mucho dolor. La globalización impide que los salarios suban a los niveles de antes de la crisis. Hoy son los empleados públicos quienes mantienen unos niveles razonables de salarios, a costa de los excesivos impuestos que soportamos el resto de trabajadores. Están en contra de la privatización de sectores, sin darse cuenta que de no ser así se encarecen mucho más los servicios que al final los pagamos el resto, nunca va con ellos eso de hacer las cuentas. Fomentan lo multicultural de manera irresponsable, no defienden nuestras raíces y utilizan políticas de emotividad para culpar a la derecha y a los católicos, señalados como opositores a sus pretensiones.

Cuatro, al otro lado del charco Mark Lilla, profesor en la Universidad de Columbia, escribió ‘El fin del progresismo identitario’ para explicar la derrota de Hillary donde alertó que la izquierda viene tomando malas decisiones en las últimas décadas que le impide recuperar el voto de las mayorías. ¿Cómo han llegado hasta aquí? Tradicionalmente se pensaba que por un lado estaban los asuntos públicos: como los salarios, la igualdad ante la justicia o la eficiencia de las administraciones, que era de lo que había que discutir políticamente. Y, por otro lado, estaban los asuntos privados: la sexualidad, la familia, los gustos, que estaban fuera de esa contienda. La nueva izquierda estableció que absolutamente todo era político, puesto que ninguna esfera de la vida estaba exenta de las relaciones de poder que se producen entre humanos. Los movimientos europeos: feministas y defensores de las minorías sexuales han adoptado buena parte del lenguaje y las tácticas de sus equivalentes estadounidenses. Y, como ha sucedido allí, expresiones de la izquierda que hasta hace no mucho parecían confinadas en la universidad vuelven a estar presentes en el debate público, una mezcla de retóricas marxistas y psicoanalíticas, una resistencia general a la vida en sociedades modernas culpando a la derecha liberal de cualquier cosa que no funcione.

Cinco, ¿pero realmente les son útiles estas nuevas banderas para aumentar de forma significativa su apoyo electoral? Al principio puede que sí, pero es cómo si se hubiesen olvidado de las ideas transversales en pos del “bien común”, o del “nosotros” para refugiarse en ideas de “identidad” de ciertos grupos y de minorías radicalizadas. Hoy las izquierdas ya no pretenden representar mayoritariamente a los trabajadores, sino a determinados de segmentos poblacionales obsesionados con su propia identidad: mujeres, homosexuales, trans, etc, parece que se han olvidado de que los fines de la política son para el conjunto de la sociedad.

Seis, por ello no son capaces de elaborar argumentos políticos complejos que favorezcan el progreso de España, no tienen una idea articulada de una sociedad integradora, siempre piensan en términos de identidad, especialmente herida y ofendida por las demás identidades o en pretender satisfacer a unos independentismos nunca satisfechos y encima ahora la lían con lo de la “nación de naciones”. Antes solían iniciar la exposición de sus ideas diciendo “Yo pienso A, y estos son mis argumentos”, ahora empiezan a decir como en USA “En tanto que mujer (o homosexual o trans), me siento ofendido por lo que has dicho”. Refuerzan sus listas de deseos, de sus justas razones y no construyen una articulación racional en cómo conseguirlas de forma sensata, pues una y otra vez vuelven a la demagogia para que los demás les apoyemos renunciando a parte de nuestros derechos (discriminación positiva), para satisfacer al “herido” vasco o a la mujer, o al homosexual y así ellos continúan montándose sus bien remuneradas mamandurrias de turno, para que nos reeduquen al resto y que paguemos entre todos la cuenta.

Siete, así la izquierda lo tiene muy difícil para conquistar mayorías por el mero hecho de que su marco es demasiado complejo, poco claro y no muy ancho. Su cosmovisión particular les aleja de las mayorías. Incluso en ocasiones al hacer campaña renuncian a sus nuevos lenguajes. Cierto que han tenido triunfos notables reinventándose de una manera u otra: de Clinton a Blair, de Zapatero a Obama. Lo que si favorece a la izquierda en España es su fuerte presencia mediática ante la tontuna de todos los gobiernos de derechas y su fuerte dominio en las universidades y en las teles que vienen inoculando dosis de “progresismo” todos los días, que como lluvia fina ha ido calando durante estos 40 años de democracia. Eso sí están perdiendo gas por la deriva izquierdista de unos -con su alejamiento de la socialdemocracia- y la locura independentista de los otros, así se explica la actual posición del periódico El País.

Ocho, en la izquierda española, se está produciendo una competición interna para ver quién prevalece si el PSOE o Podemos. Cuanto más se polaricen en esta tendencia, peor les irá, porque sus partidos se están conformando como guetos dogmáticos. Lo vemos hoy en el intento de sacar al PP del escenario político. No es previsible que crezca el pastel de la izquierda ya que lo que suba Sánchez lo bajará Iglesias. Ellos mismos piensan que no les irá bien, porque no quieren esperar a las próximas elecciones ya que se podría consolidar la recuperación del empleo y la salida de la crisis, así que van a intentar atraerse al PNV para sacar a Rajoy del poder mediante una nueva moción de censura. Lo lógico en una situación normal sería darse tiempo para consolidar a Sánchez antes de enfrentarse de nuevo a las urnas.

Nueve, cuando las izquierdas se obsesionan con discutir sobre el género y la memoria histórica la derecha se suele callar. A una derecha acobardada siempre le irá mal, pero si acepta hablar de todo sin rehuir ningún debate argumentando desde la distancia con datos, las cosas le empezaran a cambiar. La izquierda se ha obsesionado con cuestiones de identidad, de discriminaciones positivas y nunca se pregunta si las cosas se pueden hacer o no, si hay dinero o no, se olvidan de los problemas generales en cómo reforzar “la democracia, la economía, la nación y el bien común”. Vivimos en un mundo complejo, lleno de opiniones, de intereses y formas de vida siempre en conflicto, siempre en competición, y donde seguro que hay que cambiar muchas cosas para avanzar. Pero es la izquierda la que ha cambiado unos dogmas o por otros, y por desgracia para ellos, todos ubicados fuera de una buena dirección.

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Comentarios (1)
  1. En estos momentos, ¿hay alguna dictadura iberoamericana que sea de “derechas” o todas las que hay son siniestras, o sea, de izquierdas, valga la redundancia?

    Y no tengo nada más que declarar, Señoría.

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