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Clave: ¿Algo se mueve en el Islam?

Daniel Celayeta 23 abril 2017 Claves, Noticias
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No aprendimos casi nada de la Guerra de Irak, nos falto listeza y comprensión de lo que ocurría en el mundo árabe, muchos pensaron con la típica ingenuidad norteamericana de que realmente se pueden trasplantar las organizaciones complejas de las sociedades democráticas a países sin ningún tipo de tradición democrática. Con las llamadas primaveras árabes nos ocurrió otro tanto, se albergaron vanas ilusiones junto a un infantilismo notable, dirigidos por el impar Obama con él que ayudamos a destapar la Caja de Pandora. La realidad es que nos volvimos a meter en un lío que es difícil de entender, difícil de ganar y difícil de salir pues ya no sabemos realmente quiénes son los buenos y quiénes son los malos.

Egipto es el país imprescindible a seguir para estudiar los posibles cambios en el Islam, hasta los años 80 los coptos vivían en una tranquilidad relativa, dentro de un régimen de libertad restringida. El giro que dio Sadat hacia el islamismo cambió las cosas. A partir del 2000 se empezaron a producir ataques frecuentes. Los Hermanos Musulmanes se hicieron con el control de muchas mezquitas y de la educación que se imparte desde ellas, y a partir de ello la violencia sectaria aumentó. La primavera árabe produjo la revolución de 2011 en Egipto y no fue ajena a estos cambios. Los Hermanos Musulmanes a pesar de ganar las elecciones fueron desplazados del poder por un golpe militar, acabaron por atacar a los cristianos pero enseguida comprendieron que no es fácil destruir la “relativa cohesión de la sociedad egipcia”. Los yihadistas piensan que los musulmanes egipcios son como ganado porque “no entienden cuál es la verdadera lucha”. Ven necesario atacar a los cristianos donde sea y como sea para que la yihad prenda en Egipto como en Irak, en Siria y en Yemen.

A pesar de los atentados los coptos siguen haciendo política, siguen haciendo negocios, siguen manteniendo unas relaciones normales con una parte importante de la población musulmana. Su presencia animó a Al Sisi a pedir a Al Azhar Azhar (la gran mezquita de referencia para el mundo suní) que reforme el Islam. Es difícil pensar que, sin los coptos en Egipto, Al Azhar hubiese celebrado en el pasado mes de febrero un encuentro con una delegación del Vaticano y luego una conferencia sobre “libertad, ciudadanía, diversidad e integración”. Conferencia que ha terminado con una declaración sobre la coexistencia islámico-cristiana. Ha sido un escalón más en un proceso que dura ya años y que, con todas sus limitaciones, supone una incipiente y no menor apertura.

Voces autorizadas dicen que no solo se puede reformar el Islam, sino que en los dos últimos siglos ya se ha reformado algo. Desde los modernistas hasta los salafitas, no son pocas las corrientes que interpretan el Islam en discontinuidad con la tradición premoderna. Por otro lado, el Islam mismo dicen que prevé la necesidad de una constante renovación interna. De hecho, una famosa cita atribuida a Mahoma donde afirma que “al cabo de cada siglo Dios enviará un renovador a esta comunidad para que renueve su religión”.

La dialéctica entre renovación y conservación no siempre se conduce por el camino trazado por la modernidad liberal, unas veces se acerca, otras se aleja. Así lo muestran dos recientes posicionamientos de Al-Azhar, el prestigioso centro de enseñanza egipcio que se erige como custodio de la tradición islámica “auténtica” suni y que, al mismo tiempo, se ha comprometido, en contra de las lecturas más extremistas, con una obra de renovación del “discurso religioso”, lo cual le ha valido una sentencia de muerte por parte del estado islámico.

El pasado mes de enero, el gran imán de la mezquita Ahmad al-Tayyeb declaró que a los cristianos no se les puede aplicar la dhimma, la protección que la jurisprudencia islámica clásica que preveía para las “gentes de la escritura” (judíos y cristianos) a cambio del pago de un impuesto (la jizya), porque esa medida es propia de un contexto histórico ya pasado. En el contexto del estado nacional moderno, los cristianos deben ser considerados ciudadanos de pleno derecho, titulares de los mismos derechos y deberes que los musulmanes. Para justificar esta evolución, el imán evocó los precedentes de la comunidad de Medina, donde el profeta Mahoma habría establecido un “estado” fundado sobre el “principio de ciudadanía”, donde convivían con derechos similares musulmanes, judíos y paganos. Un mes después de las declaraciones sobre la ciudadanía, el imán Al-Tayyeb, junto a otros miembros del Consejo de los Grandes Ulemas de Al-Azhar, se expresó sobre otro tema delicado, el divorcio, esta vez cerrando la posibilidad de eventuales reformas.

En el encuentro dedicado a la renovación del pensamiento islámico, Al-Tayyeb explica que debe releer sus normas al variar las circunstancias históricas y los contextos geográficos. Pero también añadió que este proceso interpretativo no es ilimitado. En el Islam existen de hecho elementos constantes regulados por normas estables, y elementos variables cuyas normas pueden en cambio evolucionar. A los primeros pertenecen los actos de culto y las cuestiones referidas a la familia, mientras que los segundos atañen a la política, la economía y las relaciones sociales. Se trata de una distinción consolidada y sobre la que desde hace tiempo debaten los pensadores reformistas para abrir caminos de renovación dentro del Islam, pues no siempre las normas estables son totalmente intocables. Ha pasado con el derecho familiar en Túnez, y de forma más sutil en Marruecos.

Se sabe que lo que pase en Egipto es decisivo para conseguir una hegemonía efectiva en todo el Oriente Próximo. Todos los cambios relevantes que se han registrado en el mundo árabe de mayoría suní durante el último siglo (revolución liberal, panarabismo socialista, utopía integrista) han pasado por el Nilo. Hasta ahora la pluralidad de la sociedad egipcia, su riqueza cultural y política, ha impedido el triunfo del ISIS. Hoy los coptos están menos dispuestos que nunca en convertirse en un gueto residual.

Los últimos atentados contra los coptos por parte del Daesh en Egipto junto con los ocurridos en Irak y Siria suelen provocar la expulsión de los cristianos de dichos territorios, y el espacio pronto pasan a ocuparlo grupos de musulmanes. Recuerdan a lo que pasó en Bosnia, pero la diferencia es que hoy se produce ante el desinterés general de los países europeos y demás organizaciones internacionales. Es como si el hecho de que la masacre fuera cristiana hace que tenga menos gravedad.

El Islam para demostrar su condición de religión de paz, debería mostrar mucho más claramente el rechazo de los hechos denunciados y mostrar fraternidad con las victimas cristianas. Conviene no olvidar que los católicos de las zonas contradicen a los gobernantes occidentales. Aquí se presenta a Bashar Al Asad como un genocida, mientras que los católicos sirios están con él porque respeta su libertad religiosa.

No es muy discutible que Bashar al-Assad es una mala bestia, pero que la solución del problema sirio es sumamente difícil sin él, también es indudable. Porque, ¿qué alternativas hay? Quitar a Bashar al-Assad ¡Claro que es deseable! Pero, siempre que lo que venga detrás no sea aún peor. Y en eso tenemos la experiencia de Saddam Hussein y de Gadafi.

De momento, en todo el territorio sirio, la única zona donde las minorías viven en paz es la que está bajo control del Gobierno. Los rebeldes están divididos, incluso están en guerra entre sí. Pero en ausencia de al-Assad, quienes tienen más posibilidades de hacerse con el poder (en todo o parte del territorio) son las facciones islamistas (sea Estado Islámico, sea Al-Qaeda, sean otras; probablemente, todas a la vez). Entonces, no lo olvidemos matarán a todos los alauitas, a todos los ismaelitas, a todos los cristianos y a todos los drusos, todo ello suma muchísima gente.

¿Qué garantía hay de que sin al-Assad no se enzarzarán en la misma guerra intestina que se hacen ahora, pero corregida y aumentada? O sea, más muertos todavía (y más hambre, más refugiados, etcétera, etcétera). Por eso, quizá valga la pena pensar que estar mejor coordinados con Putin no sea una mala idea, y tratar a al-Assad como un mal necesario, al menos, en la zona que controla, tampoco. Procurar un acuerdo con los rusos, para que esa zona y la(s) rebelde(s) estén más o menos estabilizadas, sin demasiados disparos ni bombardeos, parecería sensato.

Lo que dicen los que están a pie de obra, es que los menos malos, son Al Sisi en Egipto y Bashar Al Asad en Siria, eso es lo que dicen las minorías cristianas que viven en mitad de estos ininteligibles conflictos. No todo el Islam es igual, y claro que hay movimientos, lo que pasa es que una vez más debemos de dejar la óptica occidental de trasplantar nuestros esquemas a situaciones distintas y sobre todo distantes, pero reconozcamos que los movimientos son muy pequeños.

El papa Francisco que viaja pronto a un Egipto país clave en la pequeña y silente transformación que parece que apunta el mundo Islámico, un Egipto en el que el yihadismo liderado por el Daesh ha reconocido su fracaso. Necesitamos un Islam dispuesto a aceptar una situación que de algún modo separe lo religioso de lo político. Egipto, que se ha convertido más que nunca en la tierra de los mártires coptos, lo es porque el ISIS se ha visto frustrado en su intento por extender allí su violencia sectaria.

(Datos sacados de los últimos artículos de Brignone, Haro, Lamsdorff en PaginasDigital.es)

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