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Y sin embargo, la bandera de Navarra es roja

Javier Marcotegui Ros 19 Marzo 2017 Opinión

Dicen que Galilleo Galilei, despu√©s de haber sido condenado y de abjurar del movimiento de la Tierra alrededor del Sol, dijo: ‚ÄúEppur si muove‚ÄĚ (y sin embargo se mueve) Y el tiempo le dio la raz√≥n y puso a cada cual en su sitio. La Tierra es la que se mov√≠a alrededor del Sol y no a la inversa.

Mal que les pese algunos, incluyo entre ellos a la presidente del Gobierno navarro, esto es lo que procede pensar y defender: la √ļnica bandera de Navarra es roja. No vaya ser que por nuestra negligencia persistan en su error los autoritarios, intolerantes y errados grupos del parlamento, empe√Īados en hacer un hueco institucional a la ikurri√Īa en los ayuntamientos navarros. Digan lo que digan sus manuales nacionalistas y sus interesadas y espurias interpretaciones, la ikurri√Īa es una bandera, desde todo punto de vista, ajena a Navarra. Si por esta necia interpretaci√≥n de la realidad institucional de Navarra, la citada bandera consiguiera un puesto en los balcones municipales, en sus salas de plenos o en la mesa de alguna autoridad municipal, ser√° una bandera extranjera, la del Pa√≠s Vasco. Bandera que, por otra parte, respeto plenamente en el contexto territorial de la Comunidad Aut√≥noma que representa. Tambi√©n cuando ondea en los balcones de los batzokis del PNV, partido al que simboliza, o cuando con la espa√Īola y las de las otras 17 comunidades adornan una reuni√≥n de CCAA.

Est√°n jugando con fuego. Probablemente los grupos parlamentarios empe√Īados a toda costa en hacer ondear su ikurri√Īa en los balcones de los ayuntamientos navarros no consigan aumentar un √°pice el amor hacia la ikurri√Īa, pero s√≠ fomentar el odio hacia la intrusa que ladinamente se cuela, con desprecio absoluto del valor de los s√≠mbolos navarros, en el balc√≥n. Al tiempo.

Las leyes no adquieren su fuerza por lo que en ellas se dicta o se dispone, sino por su aceptaci√≥n social. Incluso una ley, producto de un pensamiento sublime, puede cosechar el m√°s profundo de los fracasos. Por ello es tan importante que la ley convenza a los que van dirigidas por ser p√ļblica, clara, conveniente y justa. Pues bien, la ley que nuestros ‚Äúdesilustrados‚ÄĚ parlamentarios pretenden aprobar no obedece a m√°s premisa que la de satisfacer el af√°n nacionalista de sus l√≠deres y de su red clientelar.

Ni siquiera se podr√° predicar de ella que sea p√ļblica. Desde luego se publicar√° en el BON, pero a sus p√°ginas habr√° llegado por la gatera, por la puerta de atr√°s, con nocturnidad. Quedar√° marcada por un procedimiento legislativo que no est√° pensado para aprobar, nada m√°s ni nada menos, que la ley que va a derogar la que se√Īala el uso de los s√≠mbolos de Navarra y establece los mecanismos para proteger el adecuado.

El procedimiento que se va a emplear para su aprobaci√≥n no obedece al l√≥gico criterio de ‚Äúluz y taqu√≠grafos‚ÄĚ. Principio que se deber√≠a seguir con especial celo, ya solo por la posici√≥n privilegiada del art√≠culo de la ley de Amejoramiento afectado, situado entre las disposiciones generales porque define la bandera de Navarra. No se va a tener el buen gusto y la valent√≠a de dejar al Gobierno la presentaci√≥n del proyecto de ley correspondiente. Este tr√°mite es garantista y como m√≠nimo requiere memorias y estudios diversos, documentaci√≥n preceptiva para valorar la necesidad y oportunidad y facilitar la conformaci√≥n de la voluntad del legislador.

En el caso que nos ocupa, las razones principales de la ley derogatoria van a ser los ‚Äúsinsorgos‚ÄĚ argumentos de que la vigente es excluyente y no recoge los sentimientos de los navarros. Si de ser excluyente se trata, ¬Ņacaso no lo est√°n siendo los grupos parlamentarios que no buscan los apoyos de otros grupos? ¬ŅAcaso la ley derogatoria no va a excluir con alevosa cobard√≠a a la que regula el uso de los s√≠mbolos, pues en su lugar quiere dejar un ‚Äúagujero negro‚ÄĚ que se tragar√° la bandera de Navarra para mayor gloria de la ikurri√Īa?

Si de sentimientos se trata, ya puede el ayuntamiento de Pamplona empezar a poner tantos mástiles en su fachada como sentimientos diversos se den en la ciudad. Lugares preferentes deberán ocupar las banderas de las CCAA de ciudadanos navarros con raíces en otras CCAA y de emigrantes que, sin renunciar, unos y otros, a ésta condición de navarros, no olvidan a la de su comunidad o país de origen. También preferente, aunque les produzca un grave sarpullido a algunos, la bandera del Estado Vaticano, que recoge el amplio sentimiento católico. Tampoco deberán olvidar las de los clubes y asociaciones deportivas. Podríamos seguir. Cada cual ponga la que le interese.

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