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La violencia abertzale retorna a Pamplona: de ATA o de ETA, terrorismo es terrorismo

José Basaburua 15 Marzo 2017 Opinión

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Al atardecer del sábado 11 de marzo, la violencia abertzale, el terrorismo en definitiva, retornó a las calles de Pamplona. Y lo hizo bajo esa máscara eufemísticamente denominada por algunos “budas” del régimen como terrorismo de “baja intensidad”; o kale borroka.

Se venían organizando para ello y se les esperaba. Las redes sociales echaban chispas desde hace días, pero, sorprendentemente, únicamente cuatro detenidos… de Rentería. Al menos de momento.

Y, de nuevo, la ceremonia rutinaria del rechazo a la violencia “venga de donde venga”; aunque siempre proceda de la autodenominada “izquierda abertzale”. ETA, ATA, Ernai, Jarrai, etc., etc.; siglas análogas para viejas historias. Violencia y más violencia. Pero todos estos entusiastas del olor a la gasolina y a la capucha negra, estos yonquis de la adrenalina callejera espoleada por el alcohol y el speed, siempre son abertzales por mucho que quieran disimularlo Sortu, Bildu, sus compañeros de viaje en coalición y sus socios de gobierno.

La violencia perpetrada desde la autodenominada “izquierda aberzale”, en sus diversas expresiones, viene siendo noticia de manera recurrente; y ello a pesar del supuesto “fin del terrorismo de ETA”: periódicas acciones de kale borroka; agresiones a adversarios políticos, militantes de otros partidos y guardias civiles; amenazas múltiples; también en el ámbito ultra futbolero (Indar Gorri, sin ir más lejos, en su peculiar maridaje de abertzalismo y delincuencia común sujetos a investigación judicial).

No obstante, determinadas manifestaciones de tamaña violencia están dibujando, poco a poco, un escenario que podemos de calificar, en cierto modo, como novedoso. Así, desde que algunos supuestos disidentes abertzales radicales (¿más todavía?) organizaran Ibil  y Eusko Ekintza, allá por 2012, como grupúsculos dirigidos a los descontentos con la “línea oficial” de Sortu y la progresiva desactivación de ETA, tales vienen protagonizando también algunos sucesos de carácter violento. Parece ser que fue el caso del sábado último en Pamplona.

Hagamos un poquito de memoria. Un día se enfrentan a golpes en la parte vieja de San Sebastián con los “oficialistas” de Sortu (http://www.navarraresiste.com/2017/02/ensalada-de-tortazos-en-la-izquierda.html). Otro distinto, desde ATA, se agrede físicamente al portavoz de Elkarrekin Podemos en el parlamento vasco Lander Martínez (http://www.deia.com/2017/03/06/politica/euskadi/podemos-euskadi-denuncia-que-lander-martinez-fue-agredido-por-un-simpatizante-de-ata-). El sábado, “tomaron” la parte vieja de Pamplona… ¿hasta cuando se les va permitir sigan practicando el terror impunemente?

Desde hace unos meses, Sortu, “brazo político” de ETA (nacido en febrero de 2011), se encuentra en un proceso interno de debate y “refundación”. No es la primera vez, ni será la última. Recordemos que Sortu es la principal fuerza -marcando su línea en todo momento por su mayor implantación social, número de militantes y lo que significa ser heredero histórico de toda la trayectoria de ETA- de la coalición de partidos EH Bildu; integrada también por su escisión “moderada” Aralar, los restos de la del PNV Eusko Alkartasuna, Alternatiba (una escisión minúscula de Izquierda Unida de 2009) y Gorripidea (los troskos recalcitrantes que no admitieron la disolución de Zutik).

La existencia de “disidentes” y “disidencias” en la izquierda abertzale no es ninguna novedad. A lo largo de su historia algunos destacados dirigentes “desaparecieron” de la noche a la mañana del panorama público, siendo relegados al ostracismo. Fueron los casos de los históricos  Francisco Letamendía, Jokin Gorostidi, Txomin Ziluaga o Iñaki Esnaola.

En otros supuestos eran expulsados sin mayores miramientos; otra buena lista de militantes de “base”. Y excepcionalmente tuvo lugar una escisión en toda regla, liderada por Patxi Zabaleta, que daría origen a Aralar, asunto fechado en 2001 por el que todavía sus protagonistas siguen pidiendo perdón…

En el caso de los nuevos disidentes a los que nos hemos referido al principio de este texto, concurren matices algo distintos; no en vano, las circunstancias históricas –objetivas, que dirían los marxistas- están cambiando.

En primer lugar, observemos, no se ha producido la escisión en toda regla de un sector “político” organizado de Sortu. De hecho, el espacio social en el que esta disidencia -que añora los “viejos tiempos”- ha conseguido ciertos logros, es el de los familiares y apoyos a los “presos políticos” de la banda, es decir, a los terroristas encarcelados. En Gestoras en su día, el EPPK, Etxerat, Sare después, al igual que en cualquier otro ámbito de la “izquierda abertzale”, el centralismo democrático -es decir, un rígido control de arriba hacia abajo- viene caracterizado cada uno de sus calculados movimientos. Últimamente, sin embargo, están “moviéndose” un poquito, permitiendo que los presos terroristas que todavía permanecen en prisiones españolas, puedan acogerse a “beneficios” penitenciarios de carácter personal. Ante estos movimientos, los “disidentes” han montado su propia estructura denominada “Amnistia Ta Askatasuna” (ATA), anclada en la vieja e inamovible reivindicación de amnistía para todos los terroristas; dándose su primer baño de masas el 29 de agosto de 2015 en Bilbao y reuniendo a 4.000 personas el 28 de noviembre del mismo año. Para Sortu/ETA toda disidencia, individual o colectiva, es una disidencia; y, siempre, una traición: ya sea “política” (Ibil, por ejemplo), social (ATA), “socialdemócrata” en busca de nuevos horizontes (Aralar en su día) o que mire a “gloriosos pasados” (EE).

Efectivamente, los “disidentes” siguen mirando al pasado. Por ello tratan de reproducir el esquema organizativo de la histórica alternativa KAS: un brazo político, otro social, cultural…  ¿y militar?

Ibil, como proyecto político-militar, está en liquidación desde que la dirección de ETA exigiera a su promotor, el ex-concejal de Herri Batasuna en Ansoáin Fermín Sánchez Agurruza, cesar en sus correrías (http://www.diariovasco.com/politica/201502/22/hizo-llegar-mensaje-privado-20150222122529.html). Ahora es otro grupo, Eusko Ekintza (Acción vasca), el que pretende constituirse en “brazo político”; en la auténtica Herri Batasuna; habiéndose presentado en público el 22 diciembre del 2012 en Alsasua (http://www.euskoekintza.eu/eusko-ekintza-alderdiaren-legalizazioa/) y, después, Herritar Batasuna, que se dejó ver frente al Monumento a los Fueros de Navarra en Pamplona el 29 de enero pasado (https://borrokagaraia.wordpress.com/2017/01/29/herritar-batasuna-sortzeko-eztabaida-prozesua-abiatu-dute/) arrogándose ser el germen de una nueva Herri Batasuna y difundiendo el correspondiente manifiesto fundacional (http://www.euskoekintza.eu/texto-fundacional-de-la-herritar-batasuna-en-castellano/).

Van muy despacio. Son pocos y aislados; en general militantes muy veteranos junto a una hornada de otros muy jóvenes e inexpertos. Son calificados por los analistas “oficialistas” de “trotskistas”; pero estrictamente no lo son. Más bien destaca entre ellos una sensibilidad “anticapitalista” e, incluso, “libertaria”. Recordemos que en el pasado las escisiones trotskistas de ETA, por ejemplo, ETA VI Asamblea en 1970, originaron partidos “españolistas”. No es el caso. Estos disidentes de la autodenominada izquierda aberzale “oficial” no pretenden converger con espacios revolucionarios del resto del Estado, (como la mencionado de ETA VI que originó la LCR, o la anterior del MCE en 1966-69), sino retornar a los orígenes de una idealizada Herri Batasuna (en la que confluyeron los partidos ANV, ESB, HASI y LAIA) posterior en el tiempo a ambas escisiones; pues alejarse del espíritu primigenio de esa ya lejana HB estaría en la causa de la crisis que sufriría -a su juicio- una autodenominada “izquierda abertzale” de la que formarían a su manera parte, y que perciben como estancada, con pérdida de la iniciativa política, a la que acusan de desmovilización y alejarse de la calle, con más de 300 terroristas encarcelados “sin salida” y un de par de miles de “exiliados” todavía.

Pero no nos confundamos. La línea divisoria entre “oficialistas” y “disidentes” no es el empleo o no de la violencia política (terrorista o de cualquier otra expresión), no en vano ya se han zurrado entre ellos y, cuando han podido, unos y otros la han practicado; siempre con ganas y sin remordimientos: agresiones a adversarios políticos, huelgas generales y kale borroka por parte de Ernai, Ikasle Abertzaleak y otros grupos “oficialista”, etc. La línea divisoria, en definitiva, es la marcada por la dirección de Sortu/ETA: o con ellos, o contra ellos. Y no admiten disidencias.

Afortunadamente, al menos de momento y a pesar de las intenciones de algunos “históricos”, a las estructuras que empiezan a organizarse muy lentamente en línea “disidente” (EE y ATA) no le respalda, o incluso dirigiría, ninguna organización terrorista “clásica”; tal y como pasó en otras épocas de su historia (recordemos la existencia paralela de ETA M, ETA PM y CCAA y sus respectivos “brazos políticos”; o la del IRA Auténtico y del IRA Continuidad, en Irlanda del Norte, que también cuentan con minúsculas expresiones políticas). Pero tal circunstancia no es tanto un fruto de la prudencia o de cierta evolución por su parte, como de impotencia.

La “izquierda aberzale oficial” ha congelado ETA, pues ya no rinde los resultados que en su día produjo. Es decir, han renunciado de momento al terrorismo de coche bomba y tiro en la nunca por razones tácticas (a corto y medio plazo); pero no a la kale borroka y otras expresiones de terrorismo de “baja intensidad” (terrorismo, en definitiva). Con todo, algunos irreductibles, indisciplinados y alejados de la “realidad sociopolítica” marcada por la dirección de Sortu/ETA no lo han entendido o no lo quieren entender. Es lo que sucede cuando ya no está por completo operativa una organización terrorista que resuelve las disidencias e indisciplinas con “desapariciones” o tiros en la nuca.

Estamos, pues, en un escenario en parte novedoso. Venimos sufriendo mucho menos terrorismo; aunque sus efectos perversos perduren. Pero no ha desaparecido del todo: así, la kale borroka continúa siendo una forma nada desdeñable –desde la perspectiva de sus nefastas consecuencias personales y sociales- de terror y violencia. Y aunque la línea oficial de la banda ha “apostado” por el cese de la “lucha armada”, no es imposible que algunos irreductibles, conforme se consolide tal disidencia calificada absurdamente como radical, intenten retomar -si bien a menor escala de lo ya sufrido décadas atrás, no en vano sus apoyos siempre serán muy exiguos- unas u otras formas terroristas. No en vano el terror forma parte de su ADN ideológico y existencial.

Es lo que caracteriza desde siempre a la “izquierda abertzale”: sus semillas impregnadas de violencia totalitaria pueden germinar siempre que exista “campo abonado”. Y ello significa, a efectos prácticos, elaboración teórica justificativa, un liderazgo carismático e indiscutido y un movimiento social de apoyo. IBIL, ATA, EE… en ello están.

En todo caso, la realidad se impone: de ETA o de ATA, terrorismo es terrorismo.

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http://www.navarraresiste.com/2017/03/la-violencia-abertzale-retorna-pamplona.html

 

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