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Los símbolos de Navarra

Javier Marcotegui Ros 12 Febrero 2017 Opinión

Los “desilustrados” parlamentarios de los grupos que sostienen al Gobierno de Navarra van a derogar la ley foral de 24/2003 de símbolos de Navarra. En sí, nada hay de malo en este acto de derogación de una ley, siempre que su contenido contradiga los mandatos de la nueva que se pone en su lugar. El nuevo texto legal normalmente trata de renovar el viejo para conseguir satisfacer mejor las necesidades de todo orden que se han detectado en el funcionamiento ordinario de la sociedad. Con la nueva norma aprobada algunos ciudadanos estarán de acuerdo, otras en desacuerdo. Pero estas sensaciones no son otra cosa que el resultado de los diversos intereses políticos con representación parlamentaria. En todo caso, esta acción derogatoria, que en modo alguno deberíamos olvidar por su especial significado político, debe ser un motivo singular para considerar en el próximo proceso electoral, en el momento de decidir en qué grupo político hacemos descansar nuestras personales expectativas políticas.

Hasta aquí deberíamos llegar en nuestras apreciaciones sobre el diario quehacer legislativo de los que se me antojan analfabetos parlamentarios, al menos en lo que a la historia actual, moderna y antigua de Navarra se refiere, a su personalidad e identidad en el contexto de la España de la Comunidades autónomas. Pero se da un hecho singular de esta ley propuesta vaciadora del ordenamiento, al menos en lo que se refiere a los símbolos de identidad de Navarra. No sustituye a ninguna otra; deja en el limbo jurídico la ordenación del uso oficial de los símbolos de Navarra. Habrá que estudiar con mucho detenimiento las poderosas razones que se dan en el preámbulo de la proposición para justificar y explicar tan singular hecho de vaciamiento legal. Ya he leído que en éste preámbulo se indica que la ley derogada buscaba la exclusión y la prohibición de otros símbolos distintos a (sic) los oficialmente establecidos como navarros y de que eligió el camino de enfrentamiento y prohibición de símbolos que eran mayoritariamente aceptados por distintas (sic) entidades locales.

Por tanto, paradójicamente, en el preámbulo de la ley que se pretende derogar está la clave de la nueva. En aquel se dice que “Los símbolos, especialmente las banderas y escudos, representan la identidad, la unidad, la solidaridad y el corazón de un pueblo”. Se dice también que “un pueblo, tan históricamente consistente como el navarro, no puede consentir que (sus símbolos) se vean menoscabados por la intolerancia de quienes pretenden imponer otros símbolos”. Se señala, además, que “las regulaciones legales anteriores sobre esta materia en Navarra no han contenido los elementos jurídicos necesarios como para (poder) ejercer con eficacia la corrección de las numerosas irregularidades.

Estas verdades de perogrullo son las que escuecen a los que pretenden dejar a Navarra sin una regulación sobre símbolos y banderas. En realidad, si todos fuéramos cabales, no sería necesaria regulación alguna: se usan los propios y basta. Tampoco sería necesario un código penal si todos fuéramos honrados y angelicales, pero hay mucho malos, como hay muchos contraventores de la ley en nuestros ayuntamientos y en el gobierno. ¿Se han olvidado Vds. del espacio residual en el salón de plenos del ayuntamiento de Pamplona donde el alcalde Asirón colocó la bandera de Navarra y España? ¿No recuerdan los ayuntamientos huérfanos de la bandera de Navarra en su balcón? ¿Han perdido la memoria de tantos y tantos hechos de menosprecio a la personalidad de Navarra que se quedarían cortas las páginas de este periódico para relacionarlos?

De ahí la necesidad de ordenar lo que es de perogrullo: que en los edificios públicos de Navarra, y en sus instalaciones, solo ondeen las banderas oficiales que los identifican: la del Ayuntamiento, la de Navarra, la de España y la de Europa; solo se usen los escudos apropiados y solo se interpreten y oigan los himnos precisos. Eso sí, salvo razones justificadas legalmente. De ahí la necesidad de recordar a más de un mandamás indocumentado de lo que va de suyo.

Espero que Barcos, la presidenta del Gobierno, en ausencia de norma sobre símbolos y banderas, dicte las disposiciones precisas para atender el interés general de la mayoría de los navarros, aunque temo, por razones más que evidentes, que no lo hará, pues su interés es exclusivamente el nacionalista.

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