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Aborto del sistema público de salud

Rafael Berro 9 enero 2017 Opinión

En el recién pasado Día de Inocentes se ha recordado  a los inocentes abortados. También el Gobierno de Barkos lleva tiempo pensando en ellos, pues está volcado en llevar el aborto al Sistema Público de Salud. Hasta Barkos el Sistema había hecho ecografías de los fetos …  había velado por su salud haciendo honor a su nombre. Con Barkos el Sistema de Salud acabará con la salud de los fetos abortados. Política orwellianamade in Barkos.

Hay  un cuadro de Brueghel (“Ciego guiando a otros ciegos”) que es una buena metáfora del  aborto en nuestro mundo. En él aparece una fila de seis invidentes caminando. Cada uno se apoya en el que va delante. El que va en cabeza acaba de caer en un hoyo del camino  y el que se apoyaba en él se tambalea y parece que caerá, y que tras él caerán los que les siguen. Los dos ciegos traseros vendrían a ser las parejas que abortan. Traseros porque son el último eslabón de la cadena abortista, víctimas de la misma. El egoísmo socialmente dominante empuja a  ver en el sexo el placer y el interés propio, y a no querer  ver deberes ni responsabilidades morales para con el resultado de los propios actos, para con el feto, el ser humano en camino. A la ceguera moral voluntaria. Los dos ciegos traseros que han hecho ser a un nuevo ser, hacen que pase a no ser, no queriendo ver –ignorando- su valor y su peso ontológico. Como si el tiempo fuera  reversible y  se pudiera volver al tiempo en que el nuevo ser no era. Los protocolos que se siguen en el aborto van en la línea de mantener la ceguera: la embarazada no ha de ver una ecografía de la criatura antes de abortar (UPN lo propuso sin éxito) y no ha de ver el feto abortado, el resultado de su acción. Ceguera voluntaria que es señal de inmadurez, de infantilismo: como si se pretendiera o creyera que lo que no se ve no ha ocurrido, o que el feto desaparece por arte de magia. Si hubiera una pastilla capaz de borrar el recuerdo del aborto (no verlo, ser ciegos), los últimos de la fila la exigirían invocando su derecho a decidir (su pasado, en este caso)  y el Gobierno de Barkos se apresuraría a dispensarla. Gobierno generador de ceguera moral  y autoengaño. Pero por otro lado esta ceguera es señal de que sigue aún viva la conciencia moral: si el resultado de una acción (el feto abortado) se oculta es que no se está satisfecho de lo hecho y se reconoce que el aborto no está bien, que es mala acción. Pero es posible que la conciencia moral llegue a ser eliminada y que abortar pase a ser motivo de orgullo. Los abortistas estarán satisfechos si tal catástrofe  ocurre. La consideración del aborto como un derecho  va por ahí.

Quienes abortan se apoyan en el personal y  los médicos de los centros abortistas, cuya ceguera es moral e interesada. Habría sido inconcebible y condenable para Hipócrates y para los que durante siglos repitieron su juramento. Ha habido casos de curaciones súbitas, caídas del caballo y conversiones a la causa provida, como el famoso médico abortista Nathanson.

El tinglado abortista se apoya a su vez en los que van en cabeza en la fila: los que difunden la ideología abortista (escritores, guionistas de cine y TV …) y los políticos (Barkos y otros aquí). Su ceguera es también moral e interesada. Los creadores de opinión difunden y sirven de apoyo al citado egoísmo dominante en el sexo, a la ceguera moral tan extendida. Los unos y los otros nos llevan al hoyo. El hoyo es en parte el invierno demográfico en el que estamos cayendo sin querer verlo, ciegamente, y que podría paliarse con una política encaminada a salvar la vida a esos casi cien mil fetos que se matan anualmente en España. Su ceguera se muestra en su diferente actitud ante el aborto y ante cuestiones como por ejemplo  la violencia sexista. Los políticos sí ven este segundo mal  de nuestra sociedad, sí lo reconocen como mal, sí se manifiestan contra él, sí promueven políticas educativas para evitarlo etc.. En cambio, no ven como un mal esta violencia sexista que es el aborto, no se manifiestan contra ella, no hacen pedagogía para evitarla, políticas educativas que enseñen el sexo responsable y no simplemente egocéntrico y hedonista; que favorezcan la maternidad o la adopción de los niños no deseados. Mantienen a la sociedad caída dentro de la ceguera. Ciegos guiando a otros ciegos. Quizás sea ingenuo desearles curación en el nuevo año.

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