Publicidad

Levitas, camisas y corbatas o camisetas

Javier Marcotegui Ros 7 Enero 2017 Opinión

El d√≠a 4 de enero de 1977, se public√≥ la Ley para la Reforma Pol√≠tica aprobada unos d√≠as antes por las Cortes franquistas. Ahora hace 40 a√Īos, fecha m√≠tica que el subconsciente nos lleva a recordar los cuarenta a√Īos del franquismo, aunque en realidad fueron 37. Fue un momento hist√≥rico que no conviene olvidar en estos momentos pol√≠ticamente convulsos. En ese mismo a√Īo de 1977, el 15 de junio, se celebraron las primeras elecciones generales libres desde 1939 que permitieron, por su car√°cter de constituyentes, aprobar la Constituci√≥n de 1978. Ambas leyes fueron aprobadas por los espa√Īoles convocados en refer√©ndum. La primera por el 94% de una participaci√≥n del 80%; la segunda por el 92% del 67% de participantes.

En aquella ocasi√≥n el pueblo espa√Īol se mostr√≥ muy maduro pol√≠ticamente, quiz√° porque sus l√≠deres pol√≠ticos supieron serlo en tales trascendentes momentos, y dieron paso con normalidad a un sistema democr√°tico desde un r√©gimen autoritario. Se hab√≠an pasado dos a√Īos defendiendo posiciones pol√≠ticamente contradictorias. Unos, los involucionistas, luchaban por mantener el r√©gimen anterior y continuar con el viejo uniforme de las ‚Äúlevitas‚ÄĚ. Otros, la platajunta, formada entre otros por el PCE, PSOE y los nacionalismos perif√©ricos, defend√≠an la ruptura radical con el r√©gimen anterior; eran partidarios de la informalidad de las ‚Äúcamisetas‚ÄĚ. Finalmente, hubo terceros que persegu√≠an la reforma del sistema apoyados en la idea, de don Torcuato Fern√°ndez Miranda, de avanzar hacia la democracia ‚Äúde la ley a la ley a trav√©s de la ley‚ÄĚ. Es decir, una opci√≥n centrista, de h√°bito moderno ‚Äúcamisas y corbatas‚ÄĚ, que evitaban saltos en el vac√≠o, inseguridades jur√≠dicas, riesgos innecesarios, situaciones de violencia y revancha, de subversi√≥n que tan fatales consecuencias hab√≠an tra√≠do a Espa√Īa en el pasado reciente, y que se apoyaba sobre compromisos de reforma serios. Lo que algunos llamaron la ruptura pactada.

En los a√Īos transcurridos, a los problemas pol√≠ticos y sociales se les ha encontrado soluciones pragm√°ticas, convenidas y concordadas entre posiciones extremas. Como reconoci√≥ un ilustre l√≠der socialista, despu√©s de un viaje a China: lo importante no era que el gato fuera blanco o negro, sino que cazara ratones. La monarqu√≠a ha actuado de poder moderador. El t√≠tulo VIII de la constituci√≥n, con sus indeterminaciones jur√≠dicas, ha permitido el desarrollo del sistema m√°s descentralizado del mundo. Los tribunales son garantes del estado de derecho. Espa√Īa est√° integrada en el contexto internacional. En la educaci√≥n hemos sido capaces de arrumbar la primitiva idea de una escuela √ļnica y laica y encontrar la colaboraci√≥n de lo p√ļblico y privado bien adobados por el principio de libertad de elecci√≥n y creaci√≥n de centros. En salud y servicios sociales se complementan los servicios p√ļblicos y los privados. La econom√≠a se soporta en el sistema del mercado. Empresarios y sindicatos hallan los puntos de encuentro.

La Reforma nos ha tra√≠do hasta esta situaci√≥n de democracia y libertad. Sin embargo, algunos j√≥venes, a√Īorantes de los partidarios de la camiseta, como si nada hubiera ocurrido y no hubiera habido una transici√≥n pactada y aprobada por el pueblo espa√Īol, han perdido la madurez y se han vuelto a la adolescencia pol√≠tica. Recuperan la vieja y trasnochada idea del gatopardismo que dice ‚Äúque todo cambie para que todo siga igual‚ÄĚ y pregonan que han sido enga√Īados. Por tanto, seg√ļn ellos, el sistema, los partidos tradicionales, ordenan fraudulentamente la democracia espa√Īola y son responsables de sus supuestos males. Hay que combatir el sistema y los partidos. El No (algunos remachan con el qu√© parte del No) se convierte en herramienta pol√≠tica. Ya no vale la participaci√≥n, el encuentro y el acuerdo. De modo irresponsable, sin alternativa, quieren derogar las leyes anteriores, incluso la Constituci√≥n que las legitima. Dicen ser abiertos y transparentes para tratar de disimular su populismo, demagogia y vocaci√≥n autoritaria.

Por su parte, los nacionalistas se aprovechan, como siempre, y nos empujan interesadamente al precipicio con la verborrea de ser adalides del diálogo, el acuerdo y la no judicialización de los asuntos políticos, cuando en realidad sus herramientas políticas son la imposición, las posiciones cerradas y el enfrentamiento. Dicen que los tribunales están politizados; que el derecho a decidir permite hacerlo unilateralmente sobre lo que es de todos; que la libertad de expresión les permite escapar de sus responsabilidades penales.

Unos y otros son involucionistas y están destruyendo el espíritu de la transición.

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (4 votos, media: 5,00 de 5)
Cargando…

Comentar

Tiene que estar registrado para publicar un comentario.

Libros amigos por Javier Horno

Historia de los papas

  Historia de los papas (John W. O'Malley, SJ1) Hace no mucho me llam√≥ la atenci√≥n la portada de un libro de la editorial Sal Terrae, esos libros de colores azulinos un tanto atrevidos, situado estrat√©gicamente a la entrada de una librer√≠a. Trento. ¬ŅQu√© pas√≥ en el Concilio? rezaba la…
Publicidad

El ba√ļl de los recuerdos

Esta noticia la publicamos el 5 de Octubre de 2007