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Moción de censura de las víctimas

Rafael Berro 22 diciembre 2016 Opinión

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En el  reciente choque de las víctimas de ETA con el Gobierno de Barkos (con su Dirección General de Paz etc.) hay aspectos lamentables y aspectos esclarecedores. Lo lamentable es que el Gobierno oculte la verdad (las víctimas señalan que el Gobierno no dice que le han trasladado su malestar por la presencia de Bildu, que  se han negado a participar en un acto con todo tipo de víctimas y todos los partidos …), que tape la verdad de la historia reciente -la violencia brutal de ETA y su comparsa- con violencias de hace ochenta años o con todo otro tipo de violencias (las víctimas denuncian el intento del Gobierno de diluir la violencia de ETA en un magma de “todas las violencias de uno y otro signo”, de “todas las víctimas”…). Es lamentable que el Gobierno diga palabras biensonantes y, según las víctimas, falsas (dijo que había contactado-reunido con medio centenar de víctimas, que la valoración de las acciones del Gobierno por parte de las víctimas era en general muy positiva, que las víctimas habían dicho que era la primera vez que el Gobierno les llamaba …). Además de lamentable, esto no es nuevo. La palabrería, el autobombo, la propaganda vacía/falsa, el escaso respeto por la verdad, las declaraciones buenistas  acompañadas de acciones que nada tienen que ver con lo declarado, la manipulación (las víctimas dicen haberse sentido utilizadas y manipuladas por el Gobierno)  no son algo nuevo  en la neolengua y en  la política orwelliana del Gobierno de Barkos. Lo esclarecedor es la denuncia de las víctimas.

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Conviene darse cuenta de que esta forma de actuar del Gobierno con la que han chocado las víctimas es una muestra más de la política identitaria de Barkos. Política que no se debe a que Barkos sea rehén de Bildu como se dice a veces, sino a que es rehén de sí misma, de su nacionalismo. Para el nacionalismo, para este Gobierno, la identidad vasca es esencial y excelsa. Lo que forma parte de la identidad vasca es por definición positivo, valioso, hermoso; es algo de lo que se puede y se debe estar orgulloso, algo que hay que difundir e incluso imponer. De ahí resulta su política identitaria en el terreno de los idiomas. Pero aquí nos encontramos con que la identidad vasca, regada con altas dosis de nacionalismo, ha sido la única que no ha sido capaz de integrarse pacíficamente en un proyecto común de reconciliación, de democracia, de Estado de derecho y que ha generado una violencia salvaje que sistemáticamente ha estado matando españoles durante cuarenta y cinco años. ¿No es eso una mancha bien sucia en la excelsa identidad vasca? El nacionalismo vasco tiene al respecto tres opciones. Una, estar orgulloso de esa violencia vistiéndola con los trapos de la liberación nacional. Otra, reconocer que su ideología ha generado  esa violencia y pedir perdón por ello y quizás abandonar el mito de la identidad excelsa y por tanto el nacionalismo. La tercera es mantener el mito y tratar de desviar la mirada y  la atención, dirigiéndolas hacia otras cuestiones  o violencias, ocultar esa violencia nacida de su seno y de su identidad, diluirla, difuminarla. Los que ahora se llaman “Bildu” han optado siempre por lo primero. Es casi metafísicamente imposible que PNV-Geroa Bai opten por lo segundo porque su juego es justo el opuesto, hacerse la víctima, presentar al pueblo vasco y al nacionalismo como víctimas de España, de la opresión de Madrid, de la falta de derechos etc.. Por consiguiente aquí estamos,  con el nacionalismo instalado en la tercera opción. Es ingenuo esperar de la política identitaria de Barkos en relación con las víctimas algo diferente a  lo que tenemos:  ocultamiento de  la verdad, falseamiento de la realidad, manipulación de las víctimas de ETA.

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La denuncia de las víctimas, por la relevancia del asunto y de los denunciantes, viene a ser una moción de censura moral al Gobierno de Barkos nacida de la sociedad. Quienes queremos estar con las víctimas (ciudadanos particulares o partidos políticos) tenemos la obligación de hacer lo posible para que esa moción de censura moral llegue a ser legal.  Si no es posible antes de las próximas urnas, cuando éstas lleguen. Si no es posible hacerlo antes se deberá a que Izquierda Unida y Podemos quieren ser cómplices de esta política de ocultamiento de la verdad y de manipulación de las víctimas. Es su modo de regenerar la política. El modo cubano o venezolano.

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