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Dar contento a todos

Javier Marcotegui Ros 4 diciembre 2016 Opinión

Como todos los a√Īos, he estado con mi mujer, honrando a Francisco de Javier, el Patrono de Navarra. En su casa natal de Javier. All√≠ me he encontrado con el Alcalde de la localidad al que he felicitado por la iniciativa de convocar a los navarros a la bas√≠lica de Javier en d√≠a tan se√Īalado.

He tenido la oportunidad de saludar a unos cuantos excompa√Īeros del Gobierno y de ayuntamientos de UPN y a muchos amigos que, como yo, visitan al Santo todos los a√Īos. He saludado, tambi√©n, a dos consejeros del actual Gobierno de Navarra al que representaban pues √©ste brillaba por su ausencia. Con af√°n colaborador les he dicho que el Gobierno se equivocaba no asistiendo en pleno a la misa celebrada en honor del Santo. Me han respondido que hab√≠a que contentar a todos. Curiosa inversi√≥n del lenguaje. Con el ‚Äútodos‚ÄĚ quer√≠an decir a ‚Äúunos‚ÄĚ, a los que no deseaban que el Gobierno convocara y asistiera al acto institucional de Javier.

La respuesta me ha suscitado dos cosas. Una, a los miembros del Gobierno debatiendo con seriedad sobre la oportunidad de asistir o no al acto de la misa homenaje en la basílica. Unos, partidarios de la asistencia, otros, radicalmente contrarios y un tercer grupo. Ni fu ni fa. A la presidenta, en su papel de árbitro, encontrado la solución salomónica, al mandar una representación. Así se da contento a todos. Unos dirían así, que el Gobierno no ha estado; otros afirmarían lo contrario, como si la imagen fuera lo mismo que la realidad representada.

No, se√Īora presidenta, la imagen que cada ma√Īana le devuelve el espejo no es Vd. misma; lo retornado no pasa de ser una imagen suya que muestra, precisamente, su ausencia en el espejo. Solo razones objetivas pueden justificar su ausencia en el acto de Javier. El Santo, a buen seguro, la ha notado, como un n√ļmero muy elevado de navarros, y no ha experimentado contento alguno.

Otra, con profunda tristeza, me ha llevado a pensar c√≥mo era posible que recordar y honrar al Santo Patr√≥n de Navarra, el navarro m√°s universal, pudiera producir descontento en ciertas personas del Gobierno y en los grupos sociales y pol√≠ticos que lo apoyan. No pod√≠a ser sino por su condici√≥n de cat√≥lico que, junto con la aconfesionalidad de la administraci√≥n del Estado, hace que algunos por error estimen totalmente incompatible su condici√≥n de gobernantes con el timo de homenaje: la misa. Pero, en tal c aso, estos irreductibles gobernantes deber√≠an imaginar c√≥mo desear√≠a el santo, que no dud√≥ viajar hasta el final del mundo para evangelizar, ser reconocido. Comprendo que algunos en tal homenaje no recen, e incluso que no comprendan en modo alguno el ritual y sentido del acto, pero siguiera por cortes√≠a, por respeto al hombre religioso que es el Patr√≥n de Navarra, por deber hacia su universal figura, deber√≠an estar presentes en el modo y la forma que a √©l le gustar√≠a ser reconocido. ¬ŅDejar√≠a alguno de ellos de asistir al funeral cat√≥lico de alguno de sus amigos cat√≥licos?

Por otra parte, ninguna persona, ninguna instituci√≥n est√° para contentar a todos, por la sencilla raz√≥n de que no es posible. Siempre es preciso elegir entre intereses distintos, en ocasiones contrapuestos. Ni el juez puede contentar a las partes enfrentadas, ni el profesor al alumno diligente y al vago, en el polic√≠a al delincuente y a la v√≠ctima, ni el m√©dico a la enfermedad y al enfermo. Menos un Gobierno cuya responsabilidad es la de se√Īalar el inter√©s general y afectar a su consecuci√≥n cuantos recursos y esfuerzos sea capaz.

Esta perversi√≥n del lenguaje es la que empuja a este Gobierno a tomar decisiones que pregona contentar a toso, pero solo lo hace a una parte minoritaria. Me encuentro entre lo que no est√° contento por su ausencia en Javier, en los funerales por los Reyes de Navarra en Leyre, por los burdos intentos nacionalistas de su Gobierno de alterar la milenaria historia de Navarra, por los intentos de imposici√≥n de la ikurri√Īa, por el abandono del PAI, del TAV, del Canal de Navarra, por la alteraci√≥n de la OPE, por el olvido de los estudiantes universitarios de la UN, por el menosprecio hacia la UN y a la ense√Īanza concertada, por la orejeras nacionalistas, por la ausencia en los actos del Estado, en fin, por su olvido de Navarra. Me encuentro entre los que en el d√≠a de hoy han colgado en el balc√≥n de su casa la bandera de Navarra de 1556 con su corona real.

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