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Los errores nacionalistas recordando los hechos de 1512

Redacción 2 mayo 2012 Noticias
Fotografía de Los errores nacionalistas recordando los hechos de 1512

En los √ļltimos d√≠as, muchos navarros han encontrado en su buz√≥n un panfleto narrando, desde el punto de vista del nacionalismo vasco, la incorporaci√≥n de Navarra a Espa√Īa en 1512. He aqu√≠ algunos de los errores m√°s repetidos y significativos, impl√≠citos o expl√≠citos.

Errores de bulto

El panfleto preparado por los nacionalistas contiene ostensibles errores de bulto hasta en la portada. Así, se junta en la misma tumba con el escudo de dos lebreles a Carlos III y a Blanca de Navarra. En realidad, se confunde a Blanca de Navarra (hija de Carlos III) con Leonor de Trastámara. No se trata de un simple lapsus puesto que el mismo error, además de en la portada, se repite en el punto siete de la página cinco. Salta a la vista que el panfleto, cuya difusión por lo demás implica notables recursos económicos, no ha sido revisado por nadie con unos mínimos conocimientos históricos.

La destrucción de los castillos

Es uno de los mitos recurrentes del nacionalismo vasco, como prueba de la opresi√≥n castellana. Los castellanos habr√≠an ordenado derruir los castillos para evitar que sirvieran de plaza fuerte a posibles insurrecciones. Lo cierto es que, aunque en algunos escritos se jacten de ella algunos jerarcas castellanos, esa misma destrucci√≥n de castillos tambi√©n tuvo lugar en la propia Castilla y tiene m√°s que ver con un cambio de paradigma que con la represi√≥n a los navarros. Conforme crece el poder real, decrece el de los se√Īores feudales. Este no es un fen√≥meno espec√≠fico navarro y de hecho fue percibido en la √©poca m√°s como una liberaci√≥n que como un gesto de opresi√≥n. En realidad, debido a los avances en el campo de la artiller√≠a, desde el punto de vista militar casi todos los castillos navarros hab√≠an quedado desfasados. En todo caso, el nacionalismo vasco utiliza a capricho el argumento de las fortalezas y los castillos. Por un lado dice que los castellanos destruyeron las fortalezas navarras para que no se sublevaran, pero al mismo tiempo asegura que tuvieron que construir fortalezas como la propia Ciudadela de Pamplona para ‚Äúsujetar a los naturales‚ÄĚ. Si se destruyen fortalezas es para sujetar a los naturales. Pero si se construyen fortalezas es tambi√©n para sujetar a los naturales. Da igual cu√°les sean los hechos, el nacionalismo puede utilizar al mismo tiempo para demostrar sus tesis igual una cosa que la contraria, aunque por lo visto espera que no lo notemos.

La Navarra pre-ocupada por los franceses

Aunque suele ponerse mucho énfasis en la presencia (a veces testimonial y sólo enfocada a los ataques desde Francia) de tropas castellanas en Navarra, antes y después de 1512, en cambio se oculta sistemáticamente la presencia de tropas bearnesas y gasconas. La presencia de tropas francesas en Navarra como fuerza de ocupación se remonta a la usurpación del legítimo heredero de la corona navarra, el Príncipe Carlos de Viana y los inicios de la represión contra los beaumonteses. Tras la eliminación del príncipe Carlos y su hermana Blanca, secuestrada y asesinada, la corona recae injustamente sobre los usurpadores Leonor y Gastón de Foix. Los legitimistas beaumonteses, representando a la mayoría de los navarros, son aplastados con la colaboración de las tropas bearnesas y gasconas traídas desde Francia. De esta forma se oprime la mayoritaria resistencia beaumontesa (que pervivirá a pesar de todo) y se consigue el reconocimiento forzado de las Cortes a la nueva monarquía por la fuerza de las armas. Lógicamente los beaumonteses también buscaron apoyo exterior, en este caso en Castilla, para su causa.

Los Fueros demuestran que hubo pacto, no conquista

Aunque por una parte tratan de presentar un total rechazo de los navarros a la uni√≥n de coronas, los nacionalistas vascos ¬†necesitan justificar la integraci√≥n pac√≠fica ¬†y hasta entusiasta de Navarra en Espa√Īa durante 500 a√Īos. La forma de hacerlo es presentar a Navarra como una tierra totalmente ocupada por inmensos ej√©rcitos y erizada de fortalezas (contradictoriamente, como hemos visto). Lo cierto es que la propia existencia de los Fueros desmonta semejante patra√Īa. Si Navarra no hubiera podido levantar un dedo durante siglos por la presencia abrumadora y aplastante de tropas castellanas actuando a sangre y fuego, no hubiera hecho falta para nada reconocer a Navarra sus Fueros, que simplemente hubieran sido aplastados. Los Fueros se respetaban porque as√≠ se garantizaba la lealtad de la mayor√≠a de los navarros, con los que se hab√≠a pactado la incorporaci√≥n de Navarra. Para la mayor√≠a de navarros se derrocaba a unos reyes ileg√≠timos y opresores para reconocer como rey a un aliado, que a cambio reconoc√≠a la identidad del Reino y el respeto a sus Fueros.

Fue el ejército franco-agramontés el que violó y arrasó Navarra a su paso

La colaboraci√≥n de la poblaci√≥n navarra determin√≥ que el paso del ej√©rcito castellano-beaumont√©s por Navarra en el verano de 1512 no desencadenara particulares estragos ni episodios sangrientos. Por el contrario el contraataque de invierno, lanzado desde Francia y dirigido por el general La Palice, dio lugar a todo tipo de saqueos y violencias en los alrededores de Pamplona ese mismo a√Īo, minando posibles apoyos a la tropa franco-agramontesa.

La Batalla de Noáin fue cruenta, pero formó parte de una guerra hispano-francesa

Uno de los problemas del nacionalismo vasco es la aceptaci√≥n popular ya en la propia √©poca de la uni√≥n din√°stica. Los dos √ļnicos episodios que apenas se pueden contraponer son Amaiur y la Batalla de No√°in. Respecto al primer episodio resulta poco representativo (aunque valeroso), al ser protagonizado por un pu√Īado de agramonteses. Respecto al segundo, s√≠ que constituye por una batalla importante y cruenta, salvo el peque√Īo detalle de que, aunque se librara en No√°in, forma parte de una guerra hispano francesa. El ej√©rcito invasor fue enviado por Francisco I de Francia, se hallaba comandado por el general Andr√© de Foix, el grueso de sus tropas eran franceses y mercenarios de otros pa√≠ses europeos (as√≠ como las bajas en la batalla) y el objeto del ataque no era liberar Navarra sino atacar a Castilla aprovechando la revuelta de los comuneros, al punto de que sigui√≥ avanzando hasta que fue detenido tras poner sitio a ¬†Logro√Īo. Significativamente, el derrotado Andr√© de Foix capitul√≥ entregando su espada al l√≠der navarro beaumont√©s, Franc√©s de Beaumont. Parad√≥jicamente, los nacionalistas lamentan la derrota francesa en No√°in en la misma medida en que celebran entusi√°sticamente el Alarde de Ir√ļn, lo que nos lleva al siguiente punto de reflexi√≥n.

Hay que situar correctamente la Ikurri√Īa

Realmente no tiene sentido pretende colocar la ikurri√Īa en ning√ļn en ning√ļn ej√©rcito de 1512 √≥ 1521, puesto que es una invenci√≥n de Sabino Arana en 1894. No obstante, puesto que la ikurri√Īa representa a los vecinos de la CAV, los editores del panfleto al que nos referimos unen constantemente a Navarra con la CAV y la ikurri√Īa aparece insistentemente en todas las celebraciones de 1512, se podr√≠a afrontar el reto anacr√≥nico de situar la ikurri√Īa en cada uno de estos eventos en el bando adecuado. El resultado ser√≠a que ya se trate de 1512, de la Batalla de Velate o de No√°in y Amaiur, en todos y cada uno de los casos los guipuzcoanos, vizca√≠nos y alaveses pelearon con los castellanos y contra los navarros. Aunque como hemos visto esto no es del todo cierto, siendo as√≠ que en realidad combatieron junto a unos navarros y contra otros navarros. No obstante, es precisamente desde el punto de vista nacionalista desde el que habr√≠a que colocar siempre la ikurri√Īa con el ej√©rcito ‚Äúinvasor‚ÄĚ. Por lo dem√°s todos sabemos que es la ikurri√Īa la bandera que los nacionalistas tratan de implantar en los ayuntamientos y festejos populares navarros y no la bandera de Navarra la que intentan implantar en los pueblos vizca√≠nos, alaveses y guipuzcoanos.

No hubo aplastamiento del vascuence

En la Baja Edad Media, como ahora, en Navarra se hablaba vascuence, pero no en vascuence. El vascuence era una m√°s de las lenguas que se hablaban incluyendo el provenzal, el lat√≠n, el romance, el √°rabe y hasta el hebreo. Un texto de 1.167 en lat√≠n refleja la expresi√≥n ‚Äúlingua navarrorum‚ÄĚ aparentemente referida al vascuence, aunque el alcance de la cita resulta muy controvertido puesto que se denominaba ‚Äúnavarri‚ÄĚ m√°s a un segmento social (como los habitantes de la Navarrer√≠a) que al conjunto de los navarros. Lo que no admite discusi√≥n es que el romance era el ‚Äúidiomate navarre terre‚ÄĚ, el idioma de la tierra navarra, el que se o√≠a hablar vulgarmente (la lengua culta era el lat√≠n) en las calles, el que comunicaba transversalmente a todos los navarros, el que hablaban nuestros reyes, el que figura en sus tumbas, el que utilizaba la administraci√≥n y aquel en el que desde su origen en 1238, mucho antes de 1512, se redactaron los Fueros. De hecho es probable que el uso del vascuence y su zonificaci√≥n no fuera muy diferente entonces que en nuestros tiempos.

Ni incorporación, ni conquista, ni anexión

No todos los navarros tuvieron la misma percepci√≥n de los hechos en aquel momento. Lo que para algunos fue liberaci√≥n para otros fue conquista. La realidad navarra era poli√©drica y ven√≠a determinada por antecedentes complejos. Es f√°cil, por otro lado, incurrir en constantes presentismos analizando a trav√©s de categor√≠as actuales que entonces no exist√≠an (estado, naci√≥n, pueblo, soberan√≠a popular, etc) los acontecimientos pasados de aquella √©poca. Ni siquiera las categor√≠as beaumont√©s-agramont√©s se corresponden con las de nacionalistas-no nacionalistas o castellanoparlantes-euskaldunes de la nuestra. Baste citar que La Ribera era mayoritariamente agramontesa y la Monta√Īa mayoritariamente beaumontesa. Por otra parte, los vaivenes de ambas facciones pueden resultar desconcertantes para quien trate de ce√Īirse a categor√≠as presentistas. Hay quienes tratan de vivir como si lo que pas√≥ hace 500 a√Īos hubiera pasado ayer, el mundo entonces fuera igual que ahora y adem√°s nada hubiera sucedido en los 500 a√Īos entremedio. Al mismo tiempo, las mismas personas tratan de autoenga√Īarse pensando que hace 500 a√Īos nadie ten√≠a en cuenta ni recordaba lo que hab√≠a sucedido en los anteriores 50. Lo cierto es que ni siquiera la uni√≥n de Pamplona fue pac√≠fica, dividida en como estaba en ‚Äúburgos‚ÄĚ amurallados y enfrentados hasta 1.423, cuando Carlos III los junt√≥ por orden real mediante el Privilegio de la Uni√≥n (sin referendum). Afortunadamente nadie plantea revivir hoy en d√≠a guerras fratricidas entre los barrios de Pamplona, algo que no tendr√≠a menos sentido que alimentar ahora las diferencias fratricidas entre el resto de espa√Īoles y los navarros o entre los propios navarros. Algo que adem√°s ni siquiera se intenta alimentar en nombre de un inexistente nacionalismo navarro, sino desde un nacionalismo vicario e interpuesto que trata de utilizar este aniversario exclusivamente en provecho propio: el nacionalismo vasco.

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Comentarios (16)
  1. el vecino de Uxue dice:

    Me sorprenden ustedes. Mucho.

    ¬ŅDe verdad han sido capaces de leerse todo eso?.

    Habiendo tantas cosas buenas que leer perder el tiempo con eso realmente es un delito.

    Los “malos” no son ellos por escribirlo, son ustedes por leerlo.

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