La “Ley Cervera”
En diez años, el número de farmacias en Navarra ha pasado de 307 a 591. ¿Éxito o fracaso? ¿Hay que seguir liberalizando otros sectores?
Diario de Noticias ofrecía ayer un interesante análisis del sector farmacéutico en Navarra. Entre los datos incluidos en esta radiografía, se recordaba la polémica Ley Cervera que liberalizaba el sector facilitando la apertura de nuevas farmacias. La ley encontró un enorme rechazo entre los farmacéuticos, lógico por otra parte, hace ahora 11 años. Sin embargo, el resultado es que el número de farmacias ha pasado de 307 a 591. ¿Qué significa esto?
Más trabajo
La primera conclusión es que, evidentemente, casi se ha duplicado el número de farmacias. Esto significa que se ha repartido el mercado, los clientes cuentan con más establecimientos donde elegir y se ha creado una gran cantidad de puestos de trabajo. Una vez más se demuestra que la capacidad de elegir genera competencia, trabajo y riqueza.
¿Cuántas farmacias tiene que haber?
La pregunta, con todos los matices que se quiera, no tiene mucho más sentido que preguntarse por el número de pescaderías que tiene que haber en Navarra, el número de zapaterías, el número de bares, el número de supermercados o el número de librerías. La realidad aplastante es que no hace falta que el gobierno fije el número de zapaterías que debe haber en Navarra para que la gente no vaya descalza. Cierto que, desde que se abrió la segunda farmacia, el primer farmacéutico salió perjudicado y su farmacia empezó a ser un poco menos rentable. ¿Pero qué clase de ideología se dedicaría a proteger exclusivamente los intereses empresariales de la primera farmacia? ¿El socialismo?
Análisis inverso
El éxito de la liberalización se aprecia con todavía más claridad si hubiera que analizar la medida invirtiendo la flecha del tiempo. ¿Cómo habría que evaluar al cabo de 10 años una ley intervencionista que llevara al cierre de la mitad de las farmacias de Navarra? El consejero que hubiera tomado una medida semejante sería un personaje catastrófico.

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Por el cargo que ocupé durante doce años hace ya tiempo en una corporación de derecho público sanitaria -léase Colegio Oficial-, tuve que trabajar con varios Consejeros de Salud del GN: Artundo, Ayesa, Puras, Cervera. No soy del PP, pero debo reconocer que Santiago Cervera fue un gran Consejero de Salud. Muy trabajador e inteligente, eso sí; había que llevarle las soluciones posibles a los problemas que se le planteaban.
Recuerdo que había profesionales que se quejaban de él, pero siempre iban con problemas y no le aportaban ninguna posible solución al respecto. Incluso ayudaba en situaciones que no le correspondían, como cuando me facilitó, vía la Consejería de Presidencia, la posibilidad de ampliar el tiempo que se nos concedió para hacer los estatutos autonómicos de nuestra organización colegial, siendo la primera que lo hizo en el ámbito sanitario navarro. En ningún momento hizo caso omiso a las soluciones que le planteábamos en nuestras demandas, llegando a mejorar “motu propio” algunas de ellas.
Soy consciente que a algunos farmacéuticos no les hizo gracia la ley navarra que liberalizaba -no del todo- su sector, pero era el futuro: y el tiempo ha dado la razón a Cervera. Al César lo del César y a Dios lo de Dios: Cervera fue un gran Consejero de Salud. La sanidad navarra vive de las rentas que él dejó, y en absoluto es lo que era hace diez años. No voy a entrar en comparaciones con otras autonomías cuya sanidad conozco como médico y paciente: empezaríamos a llorar.
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