El Tribunal de Derechos Humanos de Estasburgo sentencia a favor del Crucifijo
Que el estado sea aconfesional o laico no significa que sea anticatólico
No habrá que elegir entre Navidad y estado aconfesional
La sentencia, que ya es firme, da la razón al gobierno italiano frente a una madre según la cual los crucifijos violaban su derecho a educar a sus hijos en el laicismo, y reclamaba su retirada de los colegios públicos. Por el contario, la sentencia determina que la presencia del crucifijo simplemente “da a la religión mayoritaria del país una visibilidad preponderante”, pero que no se encuentra asociada a una enseñanza obligatoria del cristianismo y que “nada indica que las autoridades se muestren intolerantes hacia los alumnos de otras religiones, no creyentes o de otras convicciones filosóficas”.
Un triunfo de la libertad ideológica
La sentencia viene a desmontar el modelo estatal anticatólico mayoritariamente propugnado en España por las fuerzas políticas progresistas, distinguiendo entre lo que significa que el estado no sea confesional, y que por tanto no exista ninguna obligación de ser católico ni de adoptar el catolicismo para participar en la vida pública, y lo que significaría que el catolicismo deba ser erradicado de lo público o que los católicos deban aparcar sus creencias para participar en la vida pública. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos dibuja un modelo público incluyente en el que cabe tanto lo religioso como lo no religioso, frente a quienes pretenden que la neutralidad del estado consiste en excluir totalmente lo religioso. Este segundo modelo es más un modelo anticonfesional que aconfesional, y no encuentra acomodo entre los Derechos Humanos.

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Tomasito.-
El laicismo no niega la fe pública. Lo siento, pero no la niega. Se puede procesionar o celebrar en público. Lo que trata es de evitar que una religión concreta esté en sitios donde puede producir presión a otra.
Por lo demás, su posición le conduce a un callejón sin salida. Ud viene a decir que un cristiano NO puede vivir en una sociedad que NO sea “oficialmente” cristiana, como una sociedad islámica.
Ergo -lo voy a decir crudamente, pero no se moleste- los NO cristianos, NO pueden vivir aquí, viene a decirnos entre lineas. Si viven, que se fastidien, y comulguen con ruedas de molino.
A eso lleva su razonamiento. Estoy seguro de que Ud. no compartirá semejante conclusión, pero creo que es legítima.
A mi me parece bastante totalitaria esa manera de pensar, porque en el fondo es xenoófoba e intolerante. No integra, no acoje. Es defensiva y conduce a complicar el conflicto, no a resolverlo,estableciendo bases compartibles.
Dice Savater: “Quienes hoy propugnan abolir cualquier ideario político del programa docente -¡la infame Educación para la Ciudadanía!- denuncian así su pánico a definir de modo articulado y conjunto lo que tienen por preferible o a que, si lo hacen, se evidencie su incompatibilidad con los derechos fundamentales ya establecidos en las democracias contemporáneas.”
Pues eso es lo que el laicismo trata de evitar: que Ud. tenga que “marcharse”, porque se siente absolutamente fuera de lugar, porque para que ud dorme parte de esa sociedad, TIENE que ser musulmán… ya que de otro modo, no pinta nada allí.
Esto no ocurre en una escuela laica, donde todos los alumnos son tratados igual sin acepción de creencia o religión. La religión no se elude, no se suprime, como Ud. parece temer/creer. Es fondo común. La escuela la afirmará como expresión de espiritualidad, y la protegerá (no se permitirán tampoco expresiones antireligiosas), pero no adoptará NINGUNA y NINGÚN signo concreto, para NINGUN fin.
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