¡Fascistas!
Jerónimo ErroMira, lo digo yo primero y así que sean ellos los que en todo caso tengan que defenderse del palabro. Pero es que me quedo corto porque no se si los pobres fascistas pensaron llegar a tanto en su culto al estado-máquina. Esta última propuesta sobre el orden de los nombres de los apellidos, un pasito más en la ingeniería social totalitaria, junto con otras medidas igualmente tendenciosas como la imposición de ciertos topónimos oficiales no son en absoluto inocentes. Igual que a los viejos fascistas, a los modernos progre-relativistas les encantan dos cosas: los mapas y los nombres. Su concepto de la realidad es puramente voluntarista. No admiten otra norma ética que la pura voluntad. Por eso se creen liberados de la humilde lógica, o de las pequeñas reglas sintácticas, y no digamos de la discreta tradición. Creen -como denunció Rubén Darío- que allí donde ponen la bala el porvenir ponen. Que lo que dice el BOE es palabra del Génesis. Pero ni de lejos son capaces de dominar la realidad, rica, variada, libérrima, inabarcable… Enfermos no de infancia sino de raquitismo espiritual se aferran a los mapas, como pequeños napoleones locos, para gozarse en la contemplación de sus dominios presuntos; y a los nombres oficiales, con la intención de obligarnos a leer en los rótulos las consignas que cada uno de ellos arrastra. Fanáticos de la señalética, ideólogos sin corazón. Del Quijote no dejarían mas que la locura despues de robar a don Alonso Quijano la honra, la hidalguía y la patria. Están empeñados en cargarse a la familia, a la estirpe y a la tradición para dejarnos huérfanos y perdidos. Cada vez se les ve más el plumero.
Jerónimo Erro

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