Sanz avisa sobre el Convenio: “Es la viabilidad económica de Navarra lo que tenemos en juego en estos momentos”
Las cuentas de la comunidad amenazan con no cuadrar ni a martillazos.
Hace tiempo que lo venimos denunciando: existe un gran agujero en las cuentas forales. Aunque es cierto que los ingresos fiscales se han desplomado por la crisis, no es menos cierto que los gastos –paralelamente- han seguido creciendo y creciendo. Se nos decía, especialmente desde el PSN, que eso era lo que teníamos que hacer para salir de la crisis. El problema es que en vez de salir de la crisis nos hemos metido en un agujero tremendo, provocado por el enorme desfase entre lo que gastamos y lo que ingresamos. El agujero lo compensábamos con la deuda, hasta que los mercados han dejado de prestarnos. Para colmo de males, la recaudación apenas aumenta nada respecto al año pasado.
En este contexto es en el que se puede entender que Miguel Sanz advierta de la necesidad de actualizar el Convenio Económico con el estado para modificar la actual fórmula de ajuste fiscal con el estado sobre el IVA y lo Impuestos Especiales, reclamando más dinero para Navarra por esos conceptos y asegurando que es lo que le “preocupa” en estos momentos, porque es nada menos que “la viabilidad económica de Navarra lo que tenemos en juego”.

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A Iturbide.- Vaya de mi parte el agradecimiento por su interesante opinión, que a mi al menos no me parece nada extremista, sino puro realismo descriptivo, pura conciencia de lo real.
Esta partitocracia de la que habla es la “oligarquía electiva” de Norberto Bobbio y Hegel (es imposible no distinguir entre la minoría con iniciativa que sustenta el gobierno y la masa pasiva de los gobernados). O para Schumpeter, que considera la democracia como la pugna pacífica y regida por el derecho, de varios grupos -élites- por alcanzar el poder político.
La democracia “real” es concebida como un régimen con “formas de democracia”, un revestimiento formal regido por un derecho de procedimiento que encauza y encubre, en suma, la pugna de dos, todo lo más tres grupos minoritarios pero influyentes (élite), quienes agitan diferentes reclamos o espantajos para polarizar a la masa (pasiva) en torno a sí, de forma meramente instrumental.
Muy bien: parece que esto es lo que hay. Sin embargo, la democracia tiene otro sentido, el clásico, que hemos de esforzarnos en imponer, además de la realidad desencarnada, y de una cierta ritualización de la sempiterna lucha por alcanzar y mantener el poder de grupos humanos enfrentados. Es la lucha contra el poder mismo, una vez constituido, alcanzado y mantenido el poder. Frente al viento y la marea del Poder la lucha contra el poder, el control de la élite al mando, mediante los medios a nuestro alcance, a saber: a) la separación de poderes;b) el juego de la Opinión Pública; c) la educación política de los ciudadanos para inculcarles las obligaciones que han de asumir para defender la democracia contra el Poder absoluto.
En eso todos los ciudadanos (masa pasiva) tendríamos que estar unidos contra las elites. En eso estriba, creo yo, el desafío de la democracia occidental, y la actual lucha contra el poder.
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