12 marzo 2010

¿Dónde está el folclore tradicional navarro?

Jerónimo Erro

Cuando se viaja por los rincones de España es fácil observar que están surgiendo por doquier, con una vitalidad asombrosa, toda clase de iniciativas encaminadas a mantener y a renovar con fuerza el folclore local y regional. Músicas e instrumentos ancestrales que se cuelan en los medios audiovisuales, en los bares y en los ciclos de conciertos; grupos de danzas que se lanzan sin complejos a las tablas; costumbres religiosas que parecían perdidas y cuentan ahora con cofrades jóvenes; literaturas y hablas locales que se recuperan y cuidan como una riqueza autóctona. Es cierto que todas estas manifestaciones renacen a veces un tanto desnortadas y con algún elemento artificioso fruto de la moderna vida urbanita, pero en general puede considerarse ampliamente superada aquella terrible época llena de complejos en la que todo lo popular e indígena español, aragonés, castellano, asturiano, murciano, gallego… era mirado con auténtico desprecio, como símbolo de un presunto atraso que se quería olvidar. 

Naturalmente me estoy refiriendo a una tendencia espontánea que se está desarrollando en general totalmente al margen del nacionalismo y del separatismo. En las regiones con un mayor peso político y social de la ideología nacionalista lo que ha sucedido es precisamente que el afán desordenado por encumbrar políticamente las peculiaridades etnográficas ha desembocado en un folclorismo vacío, artificial y manipulado como instrumento al servicio de un objetivo ideológico. En esas regiones habrá sin duda más subvenciones para chalapartas, pero es seguro que hay menos ganas de tocarlas por amor al arte. En el caso de Navarra, donde la presencia nacionalista se ha sufrido especialmente en el ámbito de la cultura popular -en gran parte por una dejación irresponsable de los gobiernos de UPN- hemos quedado “tocados” y por eso se echa en falta la vitalidad natural que debiera tener un movimiento folclórico más auténtico. En gran parte de Navarra resulta difícil encontrar charangas, grupos de danzas, asociaciones culturales locales, chistularis o incluso gaiteros que sean capaces de sacudirse con rotundidad la hojarasca del nacionalismo vasquista. Y por eso no es de extrañar que ante esta verdadera okupación cultural de unos la reacción -visceral y poco sensata- de otros navarros haya sido la de prolongar en sus usos cotidianos un cierto menosprecio hacia todo lo que signifique tradición popular, sustituyéndolo por la consabida cultura enlatada que produce el mercado pop anglosajon. A lo mejor, ahora que está llegando el fin del nacionalismo separatista -que está llegando, sí- es un buen momento para que volvamos a echar unas joticas.

 

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Comentarios (2)

 

  1. VG dice:

    Hombre, don Jerónimo, parece que empieza la semana optimista. Qué suerte la suya la de creer que estamos ante el fin del nacionalismo separatista… Ojalá tenga razón, pero antes de echar las jotas al vuelo dése una vuelta por la universidad y asista hoy mismo a las dos horas del magacín La tarde en Euskadi. Y cuéntenos.

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  2. Cascarrabias dice:

    En mi pueblo la cultura sigue en manos de los nazis pero es verdad que la gente está cada vez más aburrida del nacionalismo. Incluso los mismos dantzaris se nota que ya no se lo creen como antes.

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