5 marzo 2010
Desmoralización en el movimiento pro-vida
Jerónimo ErroNadie se atreve a decirlo porque hay miedo a quedar como un cenizo pero esta es la verdad. Los pro-vida españoles, que no hace tanto tiempo éramos el 90% de la población (cuando casi todos pensábamos que abortar era matar a un ser humano inocente) somos ahora bastantes menos porque mucha gente ha cambiado de opinión. Porque las leyes, los políticos, el BOE y la firma de una persona tan seria y bondadosa como don Juan Carlos de Borbón tienen un poder pedagógico tan grande sobre la masa que han convencido a muchos que el tamaño de los seres humanos es determinante a la hora de conceder o no el derecho a la vida.
Políticamente, la batalla del aborto se empezó a perder poco después de 1985 y definitivamente en 1996, cuando los gobiernos del benéfico Aznar no solo no eliminaron la legislación despenalizadora sino que la ampliaron manteniendo el coladero abortista, permitiendo la manipulación de embriones y abriendo la puerta a las píldoras abortivas. Lo que se ha consumado ahora es un paso lógico. Porque es de cajón que si se despenaliza algo llegará un momento en que todos tendremos derecho a que se nos siga despenalizando. Y de ahí a tener derecho, a secas, solo hay un paso.
Ahora lo que toca es reflexión. Los que todavía creemos más a nuestros propios ojos que a los partidos políticos tenemos que estrujarnos las neuronas para ver de qué forma damos la vuelta a la tortilla y volvemos a convencer a nuestros vecinos de que abortar es matar. Para empezar ¿qué tal si dejamos de votar a todos los partidos abortistas o siquiera tibios en esta materia?
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