Tristes y antieconómicos sanfermines
Jerónimo ErroPor enésima vez acabamos de escuchar a un político mandamás uno de esos razonamientos aparentemente indiscutibles y realmente mezquinos. Ante las críticas al proyectado Museo de los Sanfermines ha dicho Miguel Sanz, como si fuera una obviedad mayúscula, que el Museo de los Sanfermines “ha de ser una cuestión que indudablemente ha de generar economía”.
¡Qué cosa más triste! Yo no niego que hasta la poesía más sutil o el arte más vigoroso puedan traer aparejados beneficios económicos. El Quijote, por ejemplo, pudo haber sacado de pobre a don Miguel (el de Cervantes, claro) y no lo hizo. Pero no me digan que no resulta un tanto obsesivo este recurso visceral y casi instintivo a los supuestos logros económicos que tratan de inculcarnos los políticos cada vez que argumentan. Y lo peor es que la costumbre se contagia y que la frase convence. Si al final resulta que montamos el museo de los sanfermines “para generar economía”, ¿quién nos garantiza que no estemos celebrando los sanfermines para lo mismo? Ya sabemos que las fiestas de Pamplona se pasaron al verano para coincidir con las ferias, y me parece santo y bueno porque, insisto, no niego la dimensión económica de la vida. Pero lo que nos está pasando es de libro. Tenemos el signo del euro en vez de pupilas en los ojos. Somos más materialistas que Carlos Marx. A este paso celebraremos el cumpleaños de los niños porque “genera economía” en la industria juguetera y de chucherías. O haremos funerales por todo lo alto para “generar economía” en el sector de las pompas fúnebres. Suponiendo que fuera partidario de montar un museo sanferminero un hombre normal diría: “me apetece mucho enseñar los recuerdicos de las fiestas a los turistas y amigos que vengan por acá”. Por el contrario resulta enfermiza (y me recuerda a la maldición del rey Midas, el que se moría de hambre porque convertía en oro todo lo que tocaba) esta tendencia a reducirlo todo a las categorías de “económico” o “antieconómico”. Si, seguramente soy un ingenuo… pero antes ingenuo que ruin.

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Estimado Vecino:
A) Ud confunde las ideas y generalizaciones que crea con su abstracción con lo real.
Podrá decir (arriesgando mucho) que el español es tal o cual, pero eso no constituye un sujeto individual “español” (una persona con existencia real) que reúna esas características. Incurre su pensamiento en un salto lógico al que propendía el platonismo, que ya denunció Guillermo de Ockham, allá por XIV. Ud puede imaginar un sujeto tal, pero eso no implica que exista.
Por tanto, sus ejemplos no valen: “los gaditanos” tendrán las virtudes que tuvieren en su imaginación, pero no tiene existencia real.
Es Ud. quien no contesta: ¿tiene sentimiento el Ayuntamiento? ¿Y el Banco de Santander? Por mucho que amplíe Ud las facultades de las personas morales, tendrá que reconocer que no: no tienen conciencia, ni tienen sentimientos, ni tienen fe, ni color moral: no son buenas ni malas.Dependen de las personas que las dirigen, o que las representan.
No pienso volver a ello otra vez, pues lo evidente es lo más dificil de explicar.
B) O sea que no discrepa de la Iglesia en materia de fe: (yo tampoco) Tomo nota. Aunque seguramente no damos la misma amplitud a qué sea “materia de fe”.
En cuanto a su argumento de que si no se está al 100% con lo que dice la Iglesia, te vas. Suelen decirlo los que no son cristianos. Pero si Ud fuera del Atleti de Madrí, ¿no podría criticar futbolísticamente a su entrenador, a sus jugadores? ¿no podría discrepar de la línea financiera de su directiva? ¿no podría pedir que renovaran la equipación? ¿o pedir que fichen a tal jugador, o que jueguen más ofensivo o más defensivo?
¿Y por que no pueden hacerlo los fieles de la Iglesia, en lo contingente?
Mire: los cristianos decimos el Credo en misa. A eso estoy obligado a creer como Católico. En nada más. El resto no es esencial, sino contingente y discutible fraternalmente.
C) Discrepo: la iglesia tiene “derecho” a honrar a sus Santos con dignidad, en privado y en público.
Pero no tiene ninguno en absoluto a que en dichas honras participe el poder político, mediático y todo eso que Ud. dice. Ya puestos, los musulmanes de Córdoba tendrán derecho a la presencia Municipal en la fiesta del cordero.
Nuevamente digo que hay plena libertad: los concejales que quieran asistir a las vísperas, que vayan, pero como concejales, no como corporación. Yo como católico NO QUIERO eso.
Advierta que la presencia o no de la autoridad civil (que sea) en el culto (que sea) NO es materia de fe, luego incluso Ud. puede discrepar en conciencia, y en presencia.
El resto de lo que dice de las fiestas en este punto, discúlpeme, pero no lo entiendo.
E) Yo no hago consideraciones personales irónicas. Amistosamente le aconsejo que no las haga si quiere que le contesten.
La primacía de la conciencia sobre la autoridad ya la trató un tal Sófocles en “Antígona”, tragedia escrita allá por el siglo V, A.C. , y dicen que un tal Cristo, o Cresto, allá por el I de nuestra era, afirmó su autoridad personal sobre el Templo y el Sanedrín entero… qué cosas.
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Definitivamente, don Jerónimo, es usted un romántico.
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Estimado Spurgus, toda esa abundancia de citas eruditas no consigue ocultar que es Vd. uno de esos católicos (demasiados todavía, por desgracia) que recorre las estanterías del catecismo como si fuera un supermercado. Por supuesto que el Credo es lo fundamental pero la Iglesia es un cuerpo coherente que lleva dos mil años extrayendo tesoros de ese Credo. La Iglesia es una doctrina, una tradición, una autoridad, una vid cuyos sarmientos se secan separados del tronco. En ella todo encaja así que hace falta humildad para asumir que las teorías del viejísimo “pensamiento libre” no conducen a ninguna parte salvo a la vanidad individual. Por otra parte esto no tiene nada que ver con la libertad: un pintor no es menos libre por respetar el marco del lienzo.
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En cuanto al comentario de VG sepa Vd. que eso de romántico es para mí una palabra malsonante. El sentimentalismo romántico es el padre de todas las ideologías que tanto daño han provocado en el mundo. Le aseguro que procuro siempre ser lo más realista posible y por eso en esta Clave he afirmado dos veces que “no niego la dimensión económica de la vida”. Simplemente he pretendido llamar la atención sobre lo que me parece un desequilibrio bastante materialista en la gestión de las cosas públicas y en la misma vida social. No es bueno que hagamos o dejemos de hacer las cosas exclusivamente pensando en sus réditos económicos. ¿No está Vd. de acuerdo con esto?
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Le ruego pues que me disculpe. En cualquier caso, me temo que el Romanticismo limitado a su faceta sentimental limita mucho el alcance de un movimiento revolucionario que, rompiendo con el Neoclasicismo, defendió el poder de la fantasía, la imaginación y las fuerzas irracionales del espíritu. No quiero decir con ello que vea en su comentario un poso revolucionario, ni siquiera irracional, pero sí que pretender que la gestión de lo público no se fundamente en la virtud económica es el primer paso para dejar paso libre a la fantasía. Y que conste que a mí personalmente me parece un ejercicio muy saludable.
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Estimado don Jerónimo:
Realmente lo que dice de mis citas es desafortunado e impropio de Ud. ¿Cómo puede decirme que “escojo como de un supermercado”? ¿No ve que le podrían decir lo mismo? Entremos los dos en el “supermercado” y hablemos de lo que hay expuesto en él: pero no me acuse a mí de “escoger” porque ud escoje del “otro lado”. ¿O es que Ud es conocedor de todo lo que atesoran las estanterías? ¿O es acaso Ud el “guardián” de la fe? ¿Cual es su autoridad para decir tal cosa? ¿Sabe más que yo? En tal caso, dígano por qué, demuéstrelo.
Ya siento que mis elecciones de libros no sean de su agrado. Mi cita de lecturas, -demasiado pocas, no se lo discuto- tratan de contrarrestar con la razón y datos las descalificaciones que reciben las ideas que expreso, que encuentro pauperpimamente fundadas. ¡Esto es así, Ar!
La Iglesia no “es un cuerpo coherente” en el sentido de una verdad absoluta que llega a todos los aspectos de la vida, en todas sus dimensiones. Tal es una idea como creer -de adulto- en los Reyes Magos, o en un Cristo rubito y de ojos azules… La Iglesia no es un cuerpo ooherente ni desde el punto de vista histórico, ni del funcional (no es la misma iglesia el cura que el papa, ni el monje cerrado y el misionero seglar en un país africano en guerra, ni el europeo del chino) ni teológico (el pensamiento teológico ha evolucionado en veinte siglos, desde la … casinada al platonismo de Pablo, el escolasticismo de Sto Tomás, el neoescolasticismo de un cierto sector, y otros más de la mano de la moderna exégesis, como John P. Meier, como Crossan, como Pagola) y aún subsiste diferencia abismal entre un teólogo del Opus, pongamos por caso, y otro de la asociación Juan XXIII). Una cosa es que todos los cristiamos vivamos dentro de la Iglesia,( pues la fe necesita y quiere la comunidad) y otra, creer que sea UN “sistema coherente” en el que no hay más que una línea (la oficial) que ud parece dar a entender que asimila a “La Verdad”. Eso para mi conceptualmente es parecido al judaísmo farisaico, obsesionado con las normas que rigen todos los aspectos de la vida social, y con la calificación de “puro” e “impuro”.. y Cristo ha anunciado que el domingo es para el hombre, no al revés.
La Iglesia -y hablo de la Católica- son muchas doctrinas, muchas tradiciones, muchos carismas diferentes… reunidas todas en lo esencial (si no, no serían la misma Iglesia) pero variadísimas en las cosas adjetivas, que son, también, importantes, puesto que implican modos de estar en lo social, en lo político, en lo individual. Hay ultraconservadores, carismáticos, curas obreros (marxistas o de la teología de la liberación). Está Küng y está Ratzinger, está Escribá de Balaguer y está Martini…; los Dominicos y los Agustinos; Jesuítas y Opus, ninguno es tonto, y ninguno coincide, muchas, muchas veces, en aspectos importantes… pero eso no es sino riqueza eclesial, y reflejo de una Iglesia viva, con gente inteligente y con ganas de pensar y participar… Y lo mejor de todo, es que se reúnen en torno a la Mesa, y todos llaman a Dios por el mismo nombre, y a todos resuena su Palabra, que Salva…. y nuestras discrepancias, en el fondo y ante ese Dios magnífico ¿qué importan? son naderías.
Tenemos que que distinguir el fondo de fe y el “excipiente” ideológico, político, histórico, puramente humano. No es que pueda hacerlo, es que debemos todos, en la medida de nuestras posibilidades, hacerlo, porque hemos de fundar nuestra fe y nuestra ideología de la mejor forma posible.
Don Jerónimo, yo no tengo como propósito ocultar mi pensamiento, porque acudo al medio que tan gentilmente Ud. nos facilita precisamente para expresarlo, con la esperanza de aprender de todos (y lo hago todos los días) y que Uds. se sirvan también de lo que opina otro. Tienen Uds una buenísima noticia: el mundo es mucho, mucho más grande, y no “hace falta” controlarlo todo.
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Cuando he dicho que Vd. escoge “como en un supermercado”, en materia de religión, estaba pensando, por ejemplo en un bonito libro que se llama “Catecismo de la Iglesia Católica”. No me parece que tenerlo como libro de cabecera sea menos adulto que saltárselo a la torera. Le reto a que me cite uno solo de sus puntos con el que yo no esté de acuerdo o asuma pacíficamente. Por mi parte lamento decirle que he descubierto alguno que a Vd. no parece convencerle mucho. Es la diferencia entre la ortodoxia y la hererodoxia. No se trata de que uno sea mejor o peor que el otro. Se trata sencillamente de que ser católico es a Dios gracias una cosa bastante definida y no un mero sentimiento voluble.
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Los ortodoxos “estamos en posesión” de la verdad.
Yo soy (me siento) ortodoxo.
Constato que Ud. no está de acuerdo conmigo en algunos casos.
Luego Ud. es heterodoxo y su fe es voluble.
¿Cómo sabe que no es Ud. el heterodoxo?
¿cómo está tan seguro de estar en la verdad?
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Yo nunca utilizaría esa expresión de “estar en posesión” de la verdad así que no se porqué la pone entrecomillada como si fuera alguna afirmación mía. Prefiero decir que “me adhiero” a la verdad.
Por otra parte, para saber dónde están la ortodoxia y la heterodoxia no me lo pregunte a mí. Eche un vistazo al Catecismo de la Iglesia Católica, a las encíclicas, a los documentos pontificios y conciliares, a las homilías y enseñanzas de los santos y los doctores de la Iglesia, a los escritos doctrinales de apologética con los que la Iglesia lleva dos mil años corrigiendo toda clase de errores. ¿Cuántas páginas arrancaría Vd.? ¿Cuántos tachaduras haría si pudiera? Yo ninguna, por eso estoy tan seguro de estar en la ortoxia católica.
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