23 diciembre 2009

El obsceno contraste con la realidad

Santiago Cervera

Era el 26 de diciembre de 2008. La prensa recogía un artículo de Álvaro Miranda, Vicepresidente económico del Gobierno de Navarra, ampulosamente titulado “4.301 compromisos con los ciudadanos”. Uno por cada millón de euros del presupuesto para Navarra aprobado en aquel momento, por lo que parecía. La cifra de la que se ufanaba Miranda era la resultante del pacto presupuestario entre UPN y el PSN, en los onerosos términos habituales: un presupuesto que acaba sin tener dueño, por la cuchara que meten en él los del clan de la “gobernabilidad”. En el artículo, Miranda decía textualmente que “sin duda, la máxima preocupación del Gobierno de Navarra para 2009 es el mantenimiento del empleo, y estos presupuestos de Navarra serán eficaces para este fin”.

Un año después, el paro ha crecido en Navarra a una velocidad superior a la del conjunto de España, que es a su vez la peor progresión de toda la Unión Europea. Las cifras son las que son. De noviembre de 2008 a noviembre de 2009, el paro creció en la Comunidad Foral el 30,1%, mientras que en España lo hizo el 29,4%, según datos de Servicio Estatal de Empleo. En Navarra hay 39.249 parados, que si vivieran todos en la misma ciudad sería la segunda mayor población de todas, sólo detrás de Pamplona y con cerca de 7.000 habitantes más que Tudela. Hay 9.081 parados más en Navarra durante el periodo de vigencia de esos presupuestos que Miranda decía que estaban “especialmente diseñados para hacer frente a la crisis económica”.

La tozudez de los hechos -el fracaso de la petulancia con la que se aprobaron aquellas cuentas- no ha evitado que volvamos a escuchar parecidas soflamas, para consumo de indolentes o sandios. Incluso Sanz ha declarado que la Comunidad Foral está siendo “la mejor en el campeonato” por salir de la crisis económica, y ha vuelto a argumentar que los Presupuestos de Navarra pactados por UPN y PSN para el año 2010 serán un “buen instrumento” para combatir la actual coyuntura económica. La “mejor en el campeonato” debe ser la que porcentualmente más desempleo genera, si miramos objetivamente los registros, mirada mucho más recomendable que la de la propaganda de algunos desahogados.

El problema es que estos intrépidos (los Sanz, Miranda y Jiménez, entro otros más) vienen a contar la historia de que Navarra está aplicando mejores políticas contra la crisis y que seguimos siendo los “barbis” del mundo en ello, lo que no deja de ser un ejemplo más del autoconformismo y la arrogancia con la que se despachan habitualmente. Esa autosatisfacción, en obsceno contraste con la realidad, es lo peor que nos podemos merecer. Si hubiera un poco de realismo se reconocería que Navarra mantiene una parte importante de su actividad económica gracias a Volkswagen, que fabrica un modelo de vehículo que se ha adaptado mejor que otros a la crisis de consumo mundial, y que se está beneficiando particularmente de las políticas de estímulo de terceros países, especialmente Alemania. Si no fuera así, el descalabro sería absoluto. Y si es así, no lo es por la labor política de los del clan de la “gobernabilidad”, sino por una mera ventaja en términos comerciales de un producto que en Navarra supone una parte importantísima de nuestra producción industrial. Bastaría con que se mirara la tabla de nuestra balanza comercial para darse cuenta de ello. Aquí algunos prefieren, en cambio, contarnos un cuento que ya resulta insultante para los muchos que no quieren ser engañados una vez más.

Los presupuestos de este año, igual que los del anterior, alojan una nueva mala noticia para los contribuyentes. El aumento escandaloso de la deuda (Navarra es una de las sólo cinco comunidades autónomas que aumentan la cifra de gasto a pesar de que siguen cayendo los ingresos), que es un baldón para cualquier futuro que imaginemos. Esta misma semana, el Banco de España publicaba las cifras del endeudamiento de las regiones españolas, y se comprobaba que Navarra mostraba un comportamiento vulgar, peor que unas cuantas regiones del régimen común. Se supone que si disponemos de un control más amplio que las demás en materia de ingresos y gastos (esa es la consecuencia de nuestro régimen foral), lo que debería ocurrir es que lo usáramos para hacer mejor las cosas. Pues no. Los Sanz, Miranda y Jiménez nos lleva indefectiblemente al pelotón de los más torpes, gracias a su empeños en calcar impunemete la política de Zapatero en nuestra escala económica e institucional.

Y el estrambote es este año el mismo que el pasado. Miranda filtra a la prensa que ha comprado décimos de lotería con las cifras del presupuesto, como si tuvieran por sí mismas un efecto taumatúrgico ante el desastre que contienen y del que él es responsable. A la incompetencia añade frivolidad. Aunque el mensaje puede interpretarse también de cierta manera: con estos listos, sólo nos queda confiar en la suerte.

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