12 mayo 2008

Ibarreche pide ahora lo mismo que Zapatero ofreció a ETA: Navarra.

Jugada de Ibarreche, exigiendo como condición para llegar a un acuerdo con el PSOE exactamente lo mismo que el PSOE ofreció como contrapartida a ETA en los llamados “Pactos de Loyola”. Ibarreche se pregunta retóricamente el porqué los socialistas le niegan a él lo que sí estaban dispuestos a entregarle a ETA. Sin embargo se trata más bien de lo que ETA estaba dispuesta a entregarle a Zapatero. En lo que Zapatero, Ibarreche y ETA están de perfectamente de acuerdo es en identificar la cosa objeto de litigio: Navarra. También estaban de acuerdo en cómo hacer que Navarra no fuera lo que los navarros quieren que sea: creando un gobierno común.

Un gobierno común para Navarra y la CAV.

El llamado “órgano común permanente” entre Navarra y la CAV es de hecho la piedra angular del nacionalismo vasco. Hablamos de un órgano, tal como fue diseñado en los pactos de Loyola, con competencias ejecutivas y legislativas. Es decir, un gobierno común de facto para Navarra y la CAV. Dos territorios pero un solo gobierno. Dos territorios en los que, además, la aritmética política podría permitir simultáneamente un gobierno PSE-PNV en un lado y un gobierno PSN-Nabai en el otro.

Ni Transitoria Cuarta ni referendum.

A diferencia del mecanismo previsto en la disposición Transitoria Cuarta, en virtud del cual se prevé la disolución de Navarra en Euskadi, la creación de un gobierno común para los dos territorios no exige consulta alguna al pueblo navarro, basta con una votación mayoritaria en el Parlamento Foral. La razón es que, de hecho, Navarra y la CAV seguirían siendo formalmente territorios autónomos, aunque estuvieran dirigidos por un gobierno común. No es la fusión total, pero es un paso intermedio. El ordenamiento jurídico no señala ninguna previsión relativa a este supuesto. Se trata por tanto de un vacío perfecto para convertirse en el instrumento idóneo de una futura incorporación de Navarra a Euskadi. De hecho, mientras se negaba con afectada indignación que Navarra estuviera en venta, éste era el tema de conversación en las mesas paralelas del entonces llamado “proceso de paz”, respecto al cual el entusiasmo era absolutamente obligatorio.

Y si no, habrá consulta.

No es por tanto de extrañar que, en el marco de las negociaciones o escarceos entre el PNV y el PSOE, reaparezca el asunto del órgano común permanente. Se trata, de hecho, de una posición tomada. Así lo ha presentado Ibarreche, señalando que se trata de una concesión ya pactada entre el gobierno socialista y la organización terrorista ETA. El órgano común, y en general los acuerdos de Loyola, se han convertido de este modo para el futuro en un mínimo de cualquier negociación, al haber sido ya aceptados en una negociación pasada. Aunque sea como parte de un proceso finalmente fallido, el nacionalismo ya ha visto que se tratataba de una pretensión alcanzable en una negociación con los socialistas. El otro arma negociadora del PNV es ofrecer un día la retirada del referendum planteado por Ibarreche, para reafirmarse al día siguiente en su convocatoria si no hay acuerdo. A favor de un acuerdo entre socialistas y nacionalistas, sin duda la presente aritmética parlamentaria, tanto en Navarra como a escala nacional. Esperemos que en contra esté todo lo demás.

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