21 enero 2008

Recesión: el sentimiento del mercado.

Crisis, ralentización, cambio de ciclo, desaceleración, moderación del crecimiento… son palabras y expresiones muy útiles para describir realidades diversas. Pero hay una situación que no se describe con ninguna de esas palabras. De hecho, a menudo, todas esas palabras no son útiles para describirla sino para encubrirla. Hablamos de una realidad que sólo puede ser nombrada con una palabra, pero una palabra maldita: recesión. Esta semana vamos a dedicar algún tiempo a hablar de porqué no se puede hablar de recesión y porqué no interesa que se hable nunca de recesión. A continuación, hablaremos de recesión.

En primer lugar, vuelve a ser oportuno determinar qué es y qué no es una recesión. Una recesión es la sucesión consecutiva de al menos dos trimestres durante los cuales se contrae el PIB. Se pueden dar otras definiciones, pero al final no se alejarán mucho de ésta. Sin contracción del PIB es muy difícil hablar de recesión. Entonces sí podríamos hablar de ralentización, enfriamiento, soft landing u otra de las muchas expresiones que no describen una recesión o se usan como eufemismo. La única discusión posible, por tanto, es sobre la duración que tiene que tener la contracción del PIB para ser consideraba recesión. 

     

Durante una recesión, típicamente, baja la actividad económica en general, se destruye empleo, disminuyen los beneficios de las empresas y baja la bolsa. Los bancos centrales, como respuesta, bajan los tipos de interés. Aumentan las quiebras, la morosidad y los impagos, pero siguen circulando coches por la calle y sale agua por el grifo. Una recesión no es el fin del mundo ni el crash de 1929. El estado habitual de la economía es el crecimiento. El crecimiento es la norma, la recesión es la excepción. Durante las recesiones no se desanda todo el camino avanzado durante las etapas de crecimiento. Es un período de ajuste, a veces duro, pero siempre transitorio. La última recesión que hubo en España fue en el año 1993. Entre el 2001 y el 2003, las distintas economías del mundo occidental, casi en su totalidad, fueron entrando en recesión durante unos meses. España, con algún otro país, fue la excepción. Disfrutamos de hecho, hasta ahora, de un período extraordinariamente largo de crecimiento ininterrumpido.

Para más información sobre qué es una recesión, aconsejamos visitar esta web (en inglés) de la Oficina Nacional de Investigación Económica de los EEUU. Es el organismo oficial encargado de determinar el comienzo y el fin de las resiones en los USA.

¿Por qué "recesión" es una palabra maldita? Sin extendernos demasiado, hay razones que resultan bastante evidentes. Nadie vende un piso manifestando su convicción de que estará más barato el año que viene. Nadie que gestiona una cartera de fondos provoca una caída del subyacente augurando malos tiempos. Nadie exacerba la falta de confianza en la evolución de la economía provocando que se retraiga la inversión, agravando la situación. Así pues, no cuente con que vayan a poner paneles luminosos en las carreteras para avisarle de que viene una recesión.

Puesto que, por lo dicho, nos vamos a tener que buscar la vida para saber el momento del ciclo en el que estamos, vamos a dedicar esta semana a buscar algunas señales que nos puedan orientar en esta travesía. Una de esas señales es el sentimiento de las masas respecto a la situación económica. Con una salvedad: cuando empieza a invertirse el crecimiento, el sentimiento de la masa suele ser de euforia; al borde mismo de la recuperación, el sentimiento generalizado de la masa es la desesperación. Esto es un fenómeno muy conocido en la bolsa.

A continuación, reproducimos un indicador de diciembre que nos da una pista de por dónde va la percepción de los navarros respecto a la economía.

 

Obviamente el sentimiento no es positivo. Recientemente hemos hecho referencia a encuestas en los EEUU en las que un 60% de los norteamericanos pensaban que el país se dirigía hacia una recesión. Un inversor bursátil pensaría que, para poder entrar en un valor, hay que dejar antes que salga todo el mundo, para que la masa en estampida no te arrolle en la puerta. ¿Pero cuánto pesimismo es suficiente pesimismo?

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