29 marzo 2006

Fernando José Vaquero Oroquieta

NAVARRA, ¿FORMA PARTE DEL “PRECIO POLITICO” DE LA PAZ? Una clandestina Mesa Nacional del brazo político de ETA, la ilegal Batasuna, en reunión extraordinaria celebrada en un hotel de Pamplona -la simbólica capital futura de la Euskal Herria unificadaNAVARRA, ¿FORMA PARTE DEL “PRECIO POLITICO” DE LA PAZ? Una clandestina Mesa Nacional del brazo político de ETA, la ilegal Batasuna, en reunión extraordinaria celebrada en un hotel de Pamplona -la simbólica capital futura de la Euskal Herria unificada e independiente a la que aspira todo nacionalista- hizo público un manifiesto, el día 24 de marzo, que fue interpretado unánimemente como una nueva reivindicación de la incorporación de Navarra a Euskadi. No en vano, en dicho manifiesto se afirmaba que “ Sin prisas pero sin pausas, construir esa Mesa de Solución es un objetivo que debe de construirse desde la no exclusión ni política ni territorial y el respeto a los derechos políticos y civiles de todas las partes”; emplazando a los Estados español y francés a “asumir sus responsabilidades” partiendo de la comprensión de que “la partición y la negación de la voz a Euskal Herria han fracasado” . Acabar con las exclusiones y la partición, afirman con sus característicos eufemismos; lo cual pretende, por si alguien dudaba, la incorporación de Navarra, bajo una fórmula más o menos suave, en la futura Euskal Herria que deberá nacer al término del largo y tortuoso proceso de paz iniciado con la declaración de la llamada tregua de ETA. Tregua, sí; diálogo, también… proceso, ¿para qué?; ¿pero no se trataba de alcanzar únicamente la paz? Entonces, ¿qué requisitos debe reunir “su” paz? Desde la cosmovisión mítica del nacionalismo, únicamente se alcanzará la paz cuando se haya conseguido superar la actual división territorial causada por la existencia de una Comunidad Foral Navarra no integrada con la de Euskadi y unos territorios vascos “administrados” por Francia. Pero, ¿cómo conseguirlo en la actual coyuntura? Por medio de la “Mesa de solución”, afirma Batasuna. Por su parte, para no ser menos y en coherencia con su, de momento, malogrado “plan”, el lehendakari Ibarretxe anunció que convocará una “Mesa de partidos” con el objetivo de “normalizar la situación política vasca ” para “después del verano”. Ya tenemos dos mesas… ¿o serán la misma? Pero, ya que hablamos de Navarra, ¿se propondrá otra Mesa específica para Navarra o será única para todos? Para empezar, pudieran ser dos y, después, ya se vería… Y, ante semejantes ofertas, ¿qué dicen los partidos políticos navarros? Los dos que sustentan el actual Ejecutivo foral (Unión del Pueblo Navarro, UPN, y Convergencia de Demócratas de Navarra, CDN) ya han manifestado que no: se llame como se llame, y tenga el ámbito territorial que tenga. Las formaciones nacionalistas (la coalición Nafarroa Bai integrada por PNV, EA y Aralar; y Batasuna por su parte), apoyan de momento sus respectivas propuestas. Izquierda Unida, bastante fuerte en Navarra, propone su propio plan; pero finalmente se tendrá que sumar a la propuesta nacionalista resultante. Y ¿el PSOE-PSN?: “en principio no”, “más adelante quizás”, ya veremos… La clave está, por tanto, en la postura que adopte el PSOE. Pero para este partido la opción no es únicamente estratégica, sino táctica. Por principios, y dado su electorado natural, se inclinaría a no participar en mesa alguna. Pero el año próximo tendrán lugar elecciones municipales y forales y, acaso una “coalición a la catalana” podría desbancar al centroderecha de UPN-CDN. Y para cuajar tal coalición, el precio pudiera ser ¡participar en una de las mesas!; por voluntad propia o mandato zapateril. Y ello a pesar incluso de que la inmensa mayoría del electorado navarro prefiera una “gran coalición” de UPN-CDN y PSOE antes que ninguna otra posible. Pero esa hipotética Mesa no tiene por qué plantear, groseramente, una mera incorporación de Navarra a la Comunidad Autónoma Vasca. En realidad, casi nadie lo propone ya; pues las comunidades Autónoma Vasca y Foral de Navarra serían marcos territoriales “ya superados”. Tendrán que imaginar otras fórmulas más apetecibles, presentables y “políticamente correctas”: un “órgano común” vasco-navarro, una “comunidad transfronteriza”, etc. Cambiarán las denominaciones, las tácticas, los objetivos intermedios; incluso los términos. Pero el objetivo final de todos los nacionalismos vascos seguirá siendo, por siempre jamás, el mismo: Euskal Herria unificada, euskaldún y, para Batasuna, no les olvidemos, socialista.

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